miércoles, 30 de septiembre de 2020

2020.9.30 - En el pasaje de hoy se repite el llamado original a tres nuevos discípulos como al principio del evangelio cuando Jesús llama a Pedro, Santiago y Juan

2020.9.30 - El evangelio de Lucas (Lc 9,57-62) que escuchamos contiene tres relatos de llamadas. Son llamadas posteriores a la de los 12, e inmediatamente anteriores a la de los 72. Pareciera, pues, que no habría bastado con haber llamado a los 12, entre otras cosas, porque siguen recurriendo a la violencia como medio para solucionar los problemas que se presentan, como cuando Santiago y Juan le piden a Jesús que un rayo aniquile a la aldea de samaritanos que no los quiso recibir en el pasaje inmediatamente anterior (Lc 9,51-55). El relato inmediatamente posterior al que hemos leído hoy es el de la llamada de los 72. En el pasaje de hoy se repite el llamado original a tres nuevos discípulos como al principio del evangelio cuando Jesús llama a Pedro, Santiago y Juan (Lc 5,8-11).

En el primer relato de llamada de hoy alguien le dice a Jesús que lo va seguir a donde quiera que vaya. Jesús le responde que las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero que el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza. Este pasaje recuerda aquél otro en el que Pedro le dice a Jesús: “Pues mira, nosotros ya lo hemos dejado todo y te hemos seguido. En vista de eso, ¿qué nos va a tocar?” (Mt 19,27). Jesús le responde a Pedro que van a recibir cien veces más casas, hermanos y hermanas, madre, hijos y tierras, y la vida eterna, y añade entre persecuciones (Mc 10,30). Pareciera, pues, que Jesús estuviera diciendo que quien busca premios y recompensas con él, ha errado el camino. Él lo que ofrece es su compañía.

En el segundo relato, Jesús llama a uno a que lo siga. Éste le pide ir primero a enterrar a su padre. Jesús le dice que deje que los muertos entierren a sus muertos, y que él vaya a anunciar el reinado de Dios que hace nuevas todas las cosas. Pareciera que en este relato Jesús estuviera invitando al que llama a abrirse a la buena noticia del evangelio, que no depende de una tradición anterior, sino del amor actual de Dios. Tal vez, es a lo que se refiere Pablo cuando afirma que hoy es el día de la gracia, que hoy es el tiempo de la salvación (2Cor 6,2). Y es también a lo que se refiere Jesús cuando dice que nadie echa vino nuevo en envases de cuero viejos, porque el vino haría reventar los envases y se echarían a perder el vino y los envases. ¡A vino nuevo, envases nuevos! (Mc 2,22). El Dios que anuncia Jesús hace nuevas todas las cosas (Ap 21,5).

En el tercer relato, otro le dice que lo va a seguir, pero que primero tiene que despedirse de su familia. Jesús le dice que el que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el reinado de Dios. Pareciera que a la familia a la que se hace referencia aquí es a la de origen. Parangonando la cita del Génesis sobre el matrimonio (Gn 2,24) podríamos decir que, así como quien no está dispuesto a dejar padre y madre para unirse a su mujer no está listo para el matrimonio, tampoco lo está para ser enviado como compañero de Jesús. Y esto entre otras cosas, porque si la familia se definía a partir de la figura paterna, en la familia de Jesús no hay padres, aparte de Dios (Mt 23,9).

Estos nuevos relatos de llamadas parecieran indicarnos, entonces, que Jesús aprendió en el camino. Así deja claro que quienes lo acompañen no deben esperar premios ni recompensas por hacerlo. También invita a dejar lo pasado abriéndose a la novedad de un Dios que es amor y solo amor a cuya luz se hacen nuevas todas las cosas. E invita, por último, a dejar la familia de origen para poder formar parte de una familia nueva en donde no hay más padres que Dios, y en la que por tanto no hay sino hijas y hermanos, compañeras y compañeros de Jesús.

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