martes, 29 de septiembre de 2020

2020.9.28 - Hacerse el más pequeño, el servidor de todos.

2020.9.28 - Hacerse el más pequeño, el servidor de todos. Ése es el más grande, nos dice Jesús, porque asume en su vida el modo propio de proceder de Jesús, que siendo rico se hizo pobre, siendo Dios se hizo hombre y esclavo de la humanidad, por amor, que se la pasó haciendo el bien y sirviendo a cuantos necesitaron de él. 

Jesús propone a los niños como quienes logran un estilo de vida muy parecido al suyo y como tal, como forma de proceder para nuestras relaciones cotidianas, haciendo de ellos y de quienes saben asumir en sus vidas tales actitudes, los más grandes a sus ojos. En las niñas y niños podemos encontrar cualidades humanas tan importantes que con el paso del tiempo olvidamos y dejamos de practicar. Su mirada es transparente, reflejo de la ternura y la sencillez del corazón humano que permite expresar lo que somos en realidad, sin máscaras ni falsedades, sino siendo ante todo tal como somos. En las niñas y niños encontramos fragilidad humana, que permite descubrirse necesitados de los demás, en relación continua y necesaria de cercanía y de afecto, como elementos necesarios e importantes en la vida del ser humano, pero también necesidad de protección ante la agresión con la que pueden ser violentados. 

Las niñas y niños muestran, como nadie, la capacidad humana de interrelacionarse con los demás, sin importar la raza, el color o las diferencias sociales, únicamente reconociendo en la otra persona a un ser igual en humanidad y en dignidad. 

Con todas esas cualidades, Jesús nos propone un cambio en nuestras vidas capaz de transformarnos y transformar la sociedad en la que vivimos. Su propuesta es para reorientar nuestras prácticas cotidianas desde relaciones sanas y liberadoras, donde lo que debe primar es el reconocimiento de la otra persona como un ser humano, en igualdad de dignidad y en posibilidad de lograr un complemento que nos ayude a vivir más plenamente nuestra humanidad y nuestro ser de hijas e hijos de un Dios que ante todo es amor incondicional y sin límites. 

Tal estilo de vida nos ha de llevar a descubrir que lo más importante no es si alguien está con nosotras o en contra de nosotros, sino que lo realmente importante es que nuestras acciones y la forma como nos relacionamos nos humanicen y humanicen a los demás, desde el amor que podamos experimentar y compartir con los próximos y prójimas. De esa manera, seremos realmente hijas e hijos de Dios que hace salir su sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos y pecadores. Es decir, que no tiene reparo en amar a quienes ha creado por amor.

Para Job esa experiencia de cercanía amorosa de Dios es lo que le hace mantener su convicción y su fe por encima de las pérdidas materiales y las dificultades que se le presentan, sabiendo mantener ante todo su humanidad y reconociendo su fragilidad y necesidad de Dios y de los demás. 

Estamos invitadas e invitados a vivir desde este estilo de vida, desde esa forma de proceder. Estar atentos a las niñas y niñas, a sus actitudes y aprender de su trato para con los demás. Pero también, tenemos la tarea de protegerles de la violencia contra ellos, por la pobreza que encontramos en las niñas y niños de las calles, reparando hoyos provocados por el robo de los recursos destinados a la construcción de buenas carreteras; o desde las niñas y niños que viven en nuestro basurero, buscando qué comer, porque nuestras autoridades y nuestro silencio cómplice y acostumbrado, no han hecho nada para que ellas y ellos tengan una vida digna de seres humanos. 

Estamos invitadas e invitados a buscar mayor humanidad y menos privilegios; ser servidoras y servidores unos de otras, y dejar de buscar servirse de los demás y a costa de su humanidad.

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