2020.9.12 - Ser o no ser, ese es el dilema en la vida del ser humano, en el que se debaten las personas por lograr una congruencia que les permita autenticidad y plenitud en la existencia. Sin embargo, no siempre se logra ni se vive de esa manera, provocando grandes vacíos en el ser humano y la ruptura con el proyecto de salvación de Dios, expresado en un estilo de vida alejado totalmente de la realidad.
Para Jesús está claro, o “se es” y entonces se vive tal cual, logrando dar un vuelco a la existencia y llenando todas las expresiones de la vida en abundancia que brota de Dios, del encuentro con la experiencia de su amor desbordante que nos lleva a querer compartirlo con los demás, y de esa manera dar frutos edificantes a nivel personal y comunitario. O, por el contrario, “no se es”, y la vida será una falsa ilusión, disfrazada de una máscara y con una existencia totalmente alienada de la cual no será posible sacar frutos que permanezcan y ni que den vida a nada.
La respuesta que podamos dar a cada situación depende de una opción totalmente en libertad desde la cual decidimos realizarnos plenamente en ese proyecto humanizante de Dios, vivido concretamente en la persona de Jesús de Nazaret y propuesto como estilo de vida para quienes deseen hacer vida en ellos su forma de proceder. Ellas y ellos serán como un árbol que da frutos buenos, habiendo una coherencia de vida entre lo que se dice y lo que se hace, porque de la abundancia del corazón hablará la boca. Jesús nos invita a reflexionar cuáles son nuestros diálogos, si nuestras palabras son expresión de lo bueno que hay en nuestro interior, sabiendo dar ánimo y consuelo a los necesitados en esta crisis, curando las heridas de quienes han sido dejados maltratados y marginados en las orillas de la exclusión, proponiendo caminos de liberación y desarrollo inclusivo y respetuoso de las diferencias.
O por el contrario, son nuestras palabras el reflejo de una discrepancia interna, producto del rechazo que hacemos del proyecto de Dios y sobre todo de la falta de una experiencia primera del amor. Desanimando, rechazando, discriminando o violentando a quienes sufren a nuestro alrededor.
Para lograr construir una vida profunda y coherente, Jesús nos invita a fundar unas bases sólidas desde la escucha de su Palabra que se hace vida en su ejemplo de amor y misericordia, escuchar y hacer lo que él nos dice. Eso permite dotar de sentido a la existencia y poder enfrentar de esa manera los embates y situaciones que puedan buscar socavar la fe y la esperanza en el ser humano. Además, nos sensibiliza ante el dolor humano, dejándonos conmover por ello y siendo capaces de acercarnos a quien nos necesite.
De lo contrario, negarnos a la escucha de la Palabra y hacer caso omiso de ella sería seguir construyendo nuestras vidas y nuestra sociedad desde la falsedad de relaciones humanas vacías, fundadas en el miedo, en la desconfianza, en el irrespeto por la dignidad humana, en la destrucción de la vida desde todas sus expresiones, promoviendo los atropellos, la corrupción y la impunidad presentes hoy en día, permaneciendo en el silencio cómplice frente a todos los desórdenes. Una sociedad así caería fácilmente, como lo hemos visto en medio de esta crisis, cediendo a intereses egoístas que ponen el dinero por encima de la vida humana, negando la salud a seres humanos, manipulando cifras e información para fomentar el miedo generalizado, despilfarrando los recursos destinados para las grandes mayorías pobres, asumiendo una actitud indiferente ante todos esos atropellos.
“Cada árbol se conoce por sus frutos”. Miremos nuestra vida cotidiana y examinemos si nuestras obras dan gloria a Dios desde la cercanía que tenemos con él en nuestras hermanas y hermanos, o si nos alejan del Dios hecho humano en nuestros prójimas y prójimos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario