miércoles, 23 de septiembre de 2020

2020.9.23 - Esa Palabra se hace vida en medio de la humanidad, encarnándose en Jesús de Nazaret, en su modo de proceder para con los pobres y necesitados.

2020.9.23 - Las lecturas de hoy colocan en el centro de la reflexión la Palabra que sale de la boca de Dios. Una Palabra que está junto a Dios desde el origen de la vida y que es Dios mismo. Que es creadora, como podemos contemplar en el libro del Génesis, mediante la cual se hicieron todas las cosas y dieron vida a todo ser. Esa Palabra siguió haciéndose presente en la historia humana, desafiando al ser humano a hacerla vida en sus acciones cotidianas, al punto de convertirlas en un estilo de vida. 

Esa Palabra se hace vida en medio de la humanidad, encarnándose en Jesús de Nazaret, en su modo de proceder para con los pobres y necesitados. Haciendo presente a Dios en medio de todas las circunstancias desde una cercanía nunca antes pensada ni vivida. Llegando hasta las últimas consecuencias del amor hecho carne y entregado en total generosidad por la humanidad. 

Así, la Palabra pasa a ser una realidad palpable en nuestra historia. Se convierte en modelo de vida frente a los desórdenes egoístas que puedan pretender anular la vida. Nos desafía a asumir ese estilo de vida cercano a los empobrecidos, a los enfermos, a los marginados, a los excluidos, como el modo nuestro de proceder, viviendo con alegría desde la entrega generosa y fraterna. 

Es una Palabra que nos impulsa a salir al encuentro de los necesitados, convirtiéndose en Buena Noticia que busca ante todo la salvación del ser humano, dignificándole y amándole tal como es. Nos reta a ser misioneras, testigos de una Palabra hecha amor sin límites, expresada desde la cercanía amorosa que se humaniza. 

Nos invita a una vida en total libertad, la libertad de quienes nos sentimos hijas e hijos de Dios, y que, por tanto, buscamos asumir en nuestras vidas el proyecto de su reinado en medio nuestro. Nos libera de todo aquello que nos ata y no nos permite poder realizarnos en plenitud de vida, lo que deforma la imagen de Dios en nosotras y nosotros, y en los demás. 

Frente a esa Palabra, el libro de los Proverbios nos exhorta a vivir cada día con dos máximas importantes. Lo primero, es poder vivir desde la transparencia del barro que se muestra tal como es y se deja moldear por ese estilo de vida que se nos propone en la Palabra hecha carne. Es decir, asumir una vida desde la verdad y la entereza de lo que somos y hacemos. Tal como Jesús alaba de Natael, este es un hombre en quien no hay doblez (Cfr. Jn 1,47). 

Lamentablemente, hoy encontramos todo lo contrario en los modelos sociales; promueven y viven desde la falsedad y la mentira en sus vidas. Los medios de comunicación y el sistema promueven la superficialidad y la vida detrás de máscaras que esconden lo que son, o el sinsentido que viven. 

Además, los Proverbios nos invitan a la vida desde la libertad que da el esfuerzo cotidiano, con lo necesario de las cosas materiales. Sin ambicionar ni vivir acumulando, sino siendo capaces de disfrutar de todo lo que recibimos de Dios en esta vida, sabiendo agradecerle a él por todos los bienes recibidos. 

Encontramos en la sociedad todo lo contrario, los robos descarados llevados a cabo en esta crisis, de los fondos destinados para el bienestar de los más necesitados. La impunidad que propicia el sistema para quienes viven descaradamente esa corrupción. Pareciendo hacer posible y fácil un modelo de vida totalmente contrario a la invitación que nos hace la Palabra que proviene de Dios en Jesús de Nazaret. 

Por eso, esa Palabra encarnada en Jesús de Nazaret nos urge en comprometernos con un cambio radical, que asuma la vida en plenitud desde las relaciones y prácticas de la vida sencilla y abierta al compartir generoso, fruto del ser agradecidos, y de una experiencia de amor profundamente agradecido con el Dios que nos ama de tal manera que hizo carne su Palabra para hablarnos cara a cara y dejar que nosotras y nosotros pudiéramos hablarle de igual manera en las hermanas y hermanos, próximos, prójimos.

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