2020.9.14 - Homilia Lc.7,5 Es un hombre bueno y quiere a nuestro pueblo.
El cap. 7 de Lc. nos narra el pasaje del jefe militar romano de Cafarnaún. Y Jesús nos lo propone como ejemplo de un hombre de Fe. Es interesante recordar que los judíos consideraban a los romanos como enemigos, que habían invadido Israel, lo tenían dominado, y lo explotaban cobrando impuestos. Además, eran paganos, no conocían la Biblia ni les importaba y despreciaban los mandamientos y preceptos sagrados. Los judíos despreciaban a los romanos y a veces organizaban guerrillas para intentar liberarse de ellos. Y los romanos, a su vez, despreciaban a los judíos y los trataban de modo duro y cruel. Y mantenían su dominación por medio de su ejército, que con frecuencia aplicaba la pena de muerte y hasta la crucifixión ante cualquier rebeldía o desobediencia. Judíos y romanos se odiaban y despreciaban mutuamente.
Pero Lc. nos muestra que entre los romanos también podía haber gente buena. De hecho, de este hombre, que era jefe militar, nos dice que era un hombre bueno y que quería al pueblo, que trataba bien a sus servidores y se preocupaba por ellos. Y no sólo eso, sino que hasta había ayudado a construir la sinagoga. Y tenía amigos entre los judíos sinceros. Son signos de fe verdadera. Y aunque oficialmente era pagano, Jesús lo elogia como hombre de Fe auténtica y nos lo propone como ejemplo. Es un modo muy claro de decirnos que la Fe verdadera se muestra especialmente en el comportamiento hacia los débiles y los oprimidos.
Dios es Amor, y sólo Amor, y el que ama conoce a Dios, dice S. Jn. Este hombre seguramente no conocía mucho de la Biblia ni de los múltiples preceptos de la Ley, ni participaba de los cultos ni ritos judíos. Pero se interesaba por los pobres y marginados y desde su posición de autoridad y poder, actuaba con justicia y respeto por los demás, especialmente por el pueblo pobre y marginado. Y no pide un favor para sí mismo, sino para otro, para un hombre despreciado y marginado. Su interés por el sirviente enfermo así lo manifiesta. En su petición no hay egoísmo ninguno. Y ayudaba con sentido, eficacia y responsabilidad en favor del bien común. La autoridad y la ley son necesarias para mantener el orden y la paz, pero han de aplicarse con sentido de justicia y de amor por los más débiles y necesitados de ayuda y protección. Y este hombre así lo hacía. Por eso Jesús lo propone como ejemplo.
Además, este hombre, aunque romano y militar, sentía y actuaba con gran respeto hacia los judíos y sus leyes y costumbres. Por eso no se atreve a ir directamente a Jesús y busca el apoyo de judíos respetables para solicitar la ayuda de Jesús. Se siente necesitado de su ayuda, mostrando así su sincera humildad. Y se siente servidor del bien común contrastando con el modo de actuar de muchas autoridades y poderes públicos, que utilizan su posición para sacar provecho o beneficio personal, dejándose corromper por su codicia y sus intereses propios.
Y también muestra su atención y gentileza con Jesús. Sabiendo que para un judío devoto entrar en casa de un pagano significaba una falta a la Ley y un acto de impureza religiosa, el oficial le envía un recado a Jesús para evitarle esa molestia. Y muestra su sincera y profunda Fe diciéndole: Basta con que digas una sola palabra y mi servidor sanará. Es una petición llena de confianza, respeto y amor.
La oración del oficial romano nos enseña cómo debe ser nuestra oración:
Ha de hacerse desde una vida buena, honesta y responsable, haciendo la voluntad de Dios.
Ha de estar libre de egoísmos, de buscar mi interés propio.
Debe hacerse en unión con otros, en comunidad de compartir agradecido.
Ha de ser humilde, sincera, sencilla.
Y llena de confianza en Dios, que es Amor y sólo Amor y que siempre lo que más desea es el bien de cada uno de nosotros.
Este hombre había oído hablar de Jesús, de lo que Jesús hacía y de lo que anunciaba. Alguien le habría hablado de ello. Y él había creído. ¡Es tan importante que unos a otros nos anunciemos a Jesús!
Jesús nos decía “pidan y recibirán, busquen y hallarán, toquen a la puerta y les abrirán”. Y nos propone este ejemplo del oficial romano de Cafarnaún. Aprendamos de él para que así avancemos en nuestro conocimiento del inmenso Amor y Misericordia con que el Señor nos va guiando en nuestras vidas. Que María, que lo experimentó durante toda su vida, nos ayude a seguir su ejemplo. Amén.
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