miércoles, 16 de septiembre de 2020

2020.9.16 - La propuesta de Jesús desde el Dios que es amor, misericordioso, incondicional, eterno, personal y compasivo resultó totalmente escandalosa para los instalados de la época en el poder religioso-político.

2020.9.16 - La propuesta de Jesús desde el Dios que es amor, misericordioso, incondicional, eterno, personal y compasivo resultó totalmente escandalosa para los instalados de la época en el poder religioso-político. Un Dios que nos ama como un Padre, con entrañas misericordiosas de Madre, que llama dichosos a los pobres, porque se hace uno de ellos; que come con pecadores públicos y pone en primer lugar a las mujeres, los niños y niñas, y las prostitutas, ciertamente trastoca toda la estructura conceptual elaborada en torno al Dios totalmente inaccesible e inalcanzable. 

Jesús viene a revelarnos la locura de Dios desde la cercanía con nuestra humanidad y el amor que pone cuando se acerca a los enfermos para sanarlos, cuando habla a los endemoniados para liberarlos, cuando levanta al desvalido para incorporarlo a la comunidad, cuando cura las heridas de los marginados y excluidos para devolverles su dignidad humana, cuando sale en busca de la oveja perdida para traerla al redil junto al Buen Pastor. Todo esto es posible en él, solo desde el amor que vive en su cercanía con Dios su Padre y con sus hermanas y hermanos. 

Su estilo de vida se convierte en propuesta para quienes buscan descubrir la verdadera imagen de Dios, pues quien le ve a él también ve a Dios y quien le acoge a él también acoge a Dios. De forma que es camino para quienes quieren encontrarse con el Dios verdadero, asumiendo esa forma de proceder propia de Jesús para con los demás. Es un estilo de vida que solo son capaces de reconocerlo quienes “tienen la sabiduría de Dios”, es decir, para quienes son capaces de descubrir a Dios desde la humanidad plena de Jesús que revela esa cercanía escandalosa que llega hasta el culmen de la cruz. 

San Pablo define ese camino abierto con Jesús desde su cántico al amor sin límites, dándonos a entender como única forma de permanecer en la vida plena desde el amor que podamos expresarnos en nuestra humanidad. Un amor que no tiene límites y que por tanto debe ser lo que marca la existencia humana, lo que imprime vida a nuestras acciones cotidianas. Porque de lo contrario, todo lo que hagamos sin amor no sirve de nada y queda vacío. 

Este amor de Jesús se concreta desde el servicio que se pueda brindar a los demás sin egoísmo ni envidia, sabiendo hacerse servidores por amor; no presume de sí mismo ni se vanagloria de sus cualidades, sino que reconoce todo como un don de Dios y por tanto, llamados a ponerlo al servicio de quien lo necesite; no es grosero ni egoísta, no ese irrita ni guarda rencor, busca la paz que brota del corazón agradecido y profundamente amado, por eso es capaz ante todo de perdonar y acoger a los hermanos de vuelta a la casa paterna; es un amor que se consolidad desde la verdad y la justicia entre las hermanas y hermanos, y por eso, es capaz de disculparlo todo, pero también de rechazar toda falsa piedad y conformismo que lleve a tolerar la injusticia y la violencia, desde el silencio cómplice. Es un amor que lo espera todo, lo disculpa todo, lo cree todo y que lo ama todo. Es un amor que proviene de la cercanía con Dios desde nuestra humanidad, porque es capaz de descubrirlo revelado desde la humanidad de quienes viven a su alrededor, sus prójimos, próximos. 

Este es el camino que nos invita Jesús a asumir y seguir en nuestras vidas, capaz de construir comunidades de fe, esperanza y amor, pero por encima de todo, son las que brotan del amor que se parte y se comparte en la vida cotidiana; que nos hace salir del miedo y del encerramiento; que traspasa las barreras del virus y desde esa ayuda mutua con todas y todos logra la cercanía y la convivencia pacífica, y también alegría del encuentro. Se convierte en reto cotidiano para todas las cristianas y cristianos que queremos ser verdaderos seguidores y seguidoras, discípulas y discípulos amados del Dios humanado en Jesús de Nazaret.

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