viernes, 4 de septiembre de 2020

2020.9.04 - El Evangelio nos lo propone con unos ejemplos muy fáciles de captar por cualquiera que tenga un poco de buena voluntad e inteligencia.

 2020.9.04 - Homilia - Lc.5,32 He venido para llamar a los marginados.          


El cap. 5 de S. Lc. nos relata cómo Jesús muestra su amor y su misericordia intentando atraer a los marginados y pobres hacia la alegría del Reino. Cómo intenta por todos los medios hacer creíble el amor de Dios por aquellos a quienes los cumplidores de la Ley desprecian y marginan. La Ley era la base del A.T.  La Ley de Dios es lo que había dado vida y mantenía la unidad del Pueblo de Israel. Sin la Ley el pueblo iría a su ruina, a su destrucción. Guardar la Ley era cosa de vida o muerte para todo devoto israelita. La historia de Israel era la confirmación de esta idea. La idea de un Dios justo, único y todopoderoso correspondía con la idea del carácter sagrado de la Ley. Un Dios que premia y ayuda y bendice a los buenos, y que castiga y rechaza a los rebeldes. Además, la Ley señala los límites que nadie debe traspasar; quien los traspasa queda fuera de los bienes y las bendiciones de Dios y merece pena y castigo por sus malas acciones. La Ley margina y excluye a aquellos que no la cumplen.

    Pero Jesús, sin despreciar la Ley, nos señala que hay algo mucho más importante que toda la Ley, aun de la Ley de Dios, y es el amor y la misericordia. Las leyes son necesarias para mantener un mínimo de orden y de defensa de los débiles. Pero sólo cumplir las leyes no nos lleva a entrar en el banquete del Reino. Jesús propone un cambio radical: dejarnos guiar no tanto por las leyes por justas y razonables que sean, sino por el espíritu del amor y la misericordia que es lo único que puede llevarnos a entrar en el Reino al que Él nos invita.

    El Evangelio nos lo propone con unos ejemplos muy fáciles de captar por cualquiera que tenga un poco de buena voluntad e inteligencia. El ejemplo del vestido: a nadie se le ocurre cortar un pedazo de un vestido nuevo para arreglar otro ya viejo y desgastado; sólo un loco haría tal cosa. Un vestido viejo es algo que tal vez fue útil durante mucho tiempo, pero poco a poco se va desgastando hasta llegar a ser inútil para vestirse. Así fue con las leyes del A.T.. Por mucho tiempo fueron útiles y necesarias, pero las personas van creciendo y cambiando con el correr de la historia, y llega un momento en que se convierten en un estorbo inútil, que, en vez de ayudar, más bien dificultan el seguir creciendo. Y entonces hay que dejarlas de lado. No a capricho, sino guiados por el espíritu. Jesús viene a comunicarnos ese Espíritu que ilumina nuestra vida y nuestras comunidades y nos orienta en nuestro discernimiento y nuestro avanzar hacia el Reino y que está por encima de todas las leyes. No desprecia la Ley, y reconoce que por mucho tiempo fue necesaria y conveniente, pero que llega un momento en que es necesario hacer cambios radicales. Y no sólo sustituyéndolas por otras leyes más perfectas, sino principalmente revitalizarlas mirando las cosas a la luz del Espíritu y del Amor de Dios por todos y cada uno de los seres humanos. Eso supone un cambio radical, una conversión profunda, algo accesible sólo a quien se deja guiar por el Espíritu. Dios es Amor y sólo Amor. Intentar relacionarse con Él a través de obligaciones y deberes es negarse a esa relación que es la fuente de la vida verdadera para nosotros, arruinar la propia vida. Hemos sido creados para amar y el que no quiere entrar en esa relación de entrega y gratuidad arruina su vida. La imagen de la relación entre Dios y nosotros correcta es la imagen del matrimonio que o está fundado en el amor y la entrega o es algo falso que no nos puede satisfacer nunca. 

    El otro ejemplo es el de los envases de cuero para el vino llamados odres. En Israel era frecuente transportar el vino en envases de cuero recubiertos por dentro de brea que los hacía impermeables. Pero el vino nuevo generalmente sigue fermentando por un tiempo, produciendo gases que al aumentar la presión reventarían los odres viejos. Por eso, es que para el vino nuevo se necesitan envases apropiados y no sirven odres viejos y gastados. El Espíritu de Jesús no se puede confinar en las Leyes el A.T., porque las harían reventar y también Espíritu se perdería.

    El N.T. señala el comienzo de los nuevos tiempos, el cumplimiento de la Promesa del A.T. que requieren nuevas formas de organizarse y de vivir la fidelidad. No es suficiente con cambiar o modernizar ciertas leyes o preceptos. Sino que lo verdaderamente importante es dejarse guiar por el Espíritu que el Señor derrama en nuestros corazones, que nos lleva a vivir todo desde el Amor y la Misericordia, que es fuente de creatividad, de verdad, de vida siempre nueva. Que no excluye a nadie, porque Dios nos ha creado y nos da vida a todos porque a todos nos ama. Para Dios nadie es sobrante, descartable, irrecuperable, porque Él nos ha creado a todos por amor y nos ha creado con gran sabiduría. Y nos cuida con cariño y ternura. Para Él toda vida tiene sentido, es bella, es importante. Por eso hay que protegerla y ayudarla, especialmente donde más frágil es, donde más apoyo necesita.

    Los tiempos de crisis son momentos propicios en que más nuevas formas de convivencia y creatividad pueden surgir. Es por ello que más necesitamos abrirnos al Espíritu, que ilumine nuestros corazones y nuestras mentes, que fortalezca nuestras voluntades, que guie nuestras vidas, para que avancemos haciendo realidad el Reino de la verdad, la luz, la vida, y la fraternidad verdadera y profunda. Que nuestra Madre que siempre supo guiar y acompañar a Jesús, desde Belén y hasta la Cruz, nos acompañe también a nosotros, para que crezcamos en el amor y la misericordia de nuestro Padre. Amén.

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