sábado, 26 de septiembre de 2020

2020.9.26 - Hacer cosas espectaculares está reservado a unos pocos, de no ser así dejaría de ser espectacular.

2020.9.26 - En el evangelio de Lucas (Lc 9,43-45) que escuchamos se nos dice que Jesús responde a la admiración de la gente anunciando su entrega y que este anuncio no era entendido por sus discípulos.

Jesús utiliza en este pasaje el único título que usa para referirse a sí mismo: “hijo del hombre” que equivale a tanto como hijo de vecino, un hombre cualquiera, un hombre común y corriente, un hombre del montón. Así, Jesús no cae en la trampa de la admiración. Haga lo que haga, nunca pierde la conciencia de ser un hombre común, un hombre cualquiera. Y va todavía un paso más allá al afirmar que lo típico suyo no es lo espectacular, que siempre segrega, sino la entrega, algo abierto a todas y todos.

Hacer cosas espectaculares está reservado a unos pocos, de no ser así dejaría de ser espectacular. La entrega, en cambio, es una posibilidad abierta a todas y todos. Pero, además, la entrega a la que se refiere Jesús es una entrega pasiva, afirma que va a ser entregado. Esto, realmente, es todavía más común. Ejemplos de entregas pasivas son la traición y el abandono.

Ahora, cometeríamos un grave error si creyéramos que la entrega de Jesús es puramente pasiva. La entrega pasiva de Jesús proviene de una entrega activa. Así lo afirma expresamente cuando dice que nadie le quita la vida, que él la entrega libremente (Jn 10,18).

Aunque a Jesús lo entregan todo, esto es, lo entregan a la muerte, es Jesús mismo quien se entrega todo. ¿Y qué es necesario para poderlo entregar todo como Jesús? Reconocer que lo hemos recibido todo. Esta parece ser una experiencia cristiana honda, expresada por Pablo. Así llega a afirmar que no hay nada que no hayamos recibido (1Cor 4,7). Lo que le permite a Jesús una entrega así es, pues, la experiencia de reconocer que todo lo que es y tiene lo ha recibido. Este es el origen de la gratitud profunda que caracteriza a Jesús, y que posibilita a la vez su entrega gratuita, libre y generosa. Porque el Dios que experimenta Jesús es un Dios generoso, magnánimo, que lo entrega y se nos entrega todo. Jesús, pues, es capaz de entregarlo todo porque reconoce que lo ha recibido todo, y lo agradece.

Una virtud que ha tenido la presencia del Covid19 en nuestras vidas es que ha “descubierto las ideas de muchos” (Lc 2,35), y no solo las ideas, sino también sus actitudes. Este es el caso de muchos funcionarios públicos que se han dedicado a medrar los fondos públicos con los que se debía hacer frente a los problemas causados por el Covid19, convirtiéndose ellos mismos en los protagonistas de los problemas que estamos experimentando actualmente haciendo gala de una negligencia incomparable en el manejo de la situación. Y esto en alianza con algunos así llamados empresarios que se han dedicado a lucrar sacando la máxima ganancia posible de todo lo que hemos estado viviendo. Y todo esto movidos por una codicia insaciable que tiene su origen en una falta de gratitud, en la incapacidad de reconocer y de agradecer tanto bien recibido.

Todo esto se convierte, entonces, en una enorme oportunidad, en la oportunidad de asumir nuestra responsabilidad como parejas, como padres y madres de nuestras hijas e hijos, como vecinas y vecinos, como trabajadoras y trabajadores, y hacer todo eso que solo nosotras y nosotros podemos hacer, y hacerlo no porque seamos especiales, sino todo lo contrario, porque nos reconocemos mujeres y varones corrientes y comunes, y como tales capaces de hacer lo que nos hace plenamente humanos, capaces de entregarnos libre y generosamente en la creación de las familias y de la sociedad con las que soñamos cuyo fundamento ha dejado de ser la codicia porque hemos aprendido a agradecer tanto bien recibido y entonces nos hemos convertido en mujeres y varones capaces de entregarnos libre y generosamente, a quienes nadie nos puede quitar la vida, porque hemos decido entregarla con gratitud.

No hay comentarios:

Publicar un comentario