miércoles, 15 de abril de 2020


Homilía 15.04.2020. Miércoles de la Octava de Pascua.

Grupos de Jesús – 3 Pascua – A (Lucas 24,13-35) - Grupos de Jesús -

Queridas hermanas y hermanos, las lecturas de hoy colocan al Resucitado en el camino de la vida. La resurrección es un acontecimiento que se descubre desde las realidades que vivimos cotidianamente. Él se nos hace el encontradizo, se acerca a nosotras y nosotros en medio de nuestras incomprensiones y angustias y camina a nuestro lado, nos dice el Evangelio de Lucas.

La escena del evangelio es muy llena de detalles significativos. Inicia diciendo que el mismo día de la resurrección los dos discípulos van de camino, tristes, a Emaús. Habían perdido sus esperanzas ante la muerte trágica de Jesús. No solo no había comprendido lo de la resurrección, sino que ante el dolor de la muerte sienten que no hay nada más que hacer que volver a la cotidianeidad y a las viejas costumbres. Con la muerte de Jesús ellos también habían muerto. El resucitado se acerca a ellos y entable conversación, les ayuda a expresar lo que sienten, los interroga sobre aquellos sentimientos que están agobiando sus vidas, realiza con ellos un proceso de sanación que los llevará de la muerte a la vida, como hemos visto en otros pasajes.

Jesús siempre parte de la realidad de la vida de cada persona, de aquello que le impide vivir plenamente, y con palabras y gestos hace renacer la esperanza en el ser humano. También en nuestras vidas, en medio de estas circunstancias que estamos viviendo, el Señor resucitado camina con nosotras y nosotros y también nos interroga sobre nuestras angustias y temores, para que podamos sacarlos afuera. Como dice Mercedes Sosa en una de sus canciones: “Hay que sacarlo todo afuera como la primavera, para que adentro nazcan cosas nuevas”.

El camino de los discípulos avanza en la compañía de Jesús, quien va aclarando sus dudas desde la Palabra de Dios. No va atemorizando, como hacen los charlatanes, va instruyendo, va afianzando la seguridad en las promesas que Dios nos hace en su Palabra, que es necesario padecer, sufrir el dolor de la Pasión para poder llegar a la gloria de la resurrección, ese es el proceso de la vida en Dios, no aquella que desea eludir la muerte con apariciones místicas o espiritualidades desencarnadas. Jesús resucita desde la muerte para darnos la vida en abundancia.

El caminar con Jesús, la escucha atenta de su Palabra, toca nuestras vidas, por eso a los discípulos les hace arder el corazón y les motiva a querer permanecer con Jesús. Por eso lo invitan a quedarse con ellos, a hacer comunidad como habían aprendido del Señor y es en ese gesto tan cotidiano para ellos y ellas, como son capaces de reconocer la presencia del Señor resucitado cercano: “Te conocimos, Señor, al partir el pan; Tú nos conoces, Señor, al partir el pan”, cantamos con alegría, porque esa es la forma como Jesús quiere ser reconocido, en medio de nuestro compartir agradecido desde donde cada una-uno comparte de lo que tiene con quienes tienen menos. Ese es el mejor signo del Señor resucitado en esta pascua de resurrección. En esos gestos de generosidad y solidaridad Jesús se hace presente y camina con nosotros.

La tristeza inicial del relato es cambiada ahora por una inmensa alegría. Esa es la característica de quienes saben reconocer la presencia del resucitado en medio de ellos. Por encima del dolor de la muerte prevalece la alegría de la vida que viene de Dios y por eso se sienten animados y animadas a volver con los demás discípulos para dar testimonio del encuentro que han tenido en el camino de la vida con el Señor resucitado.

Nosotras y nosotros también estamos llamados a ser testigos de la resurrección del Señor desde estas realidades tan adversas que estamos viviendo. Solo sabiéndolo reconocer verdaderamente presente en nosotras y nosotros sabremos salir adelante a pesar de lo complejo que se pueda tornar la realidad. Y solo desde el gesto del partir y compartir nuestro pan es que podemos realmente reconocer su presencia resucitada en nuestras vidas.

Pidámosle al Señor Jesús que nos ayude a reconocerle en el camino de nuestra vida, en medio de la angustia y el dolor de esta cuarentena, y que podamos invitarle siempre a quedarse con nosotros cada día. Amén.

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