viernes, 24 de abril de 2020


Homilía 24.04.2020: Jn 6,1-15
 Evangelio según san Juan (6,1-15), del domingo, 29 de julio de ...
  El evangelio de Juan que hemos escuchado nos habla de una comida compartida que alcanza para una muchedumbre. El dinero, comprar panes y pescados para todos no es una alternativa. Andrés le dice a Jesús que hay un muchacho que está dispuesto a compartir cinco panes y dos pescados. Jesús manda a la gente a sentarse sobre la hierba verde. Luego toma los cinco panes y los dos pescados, da gracias y los reparte. Alcanza y sobra. Eran unas cinco mil personas.

  El evangelio de hoy nos da una clave para enfrentar las crisis sanitaria y económica desatadas por el COVID19 en las que nos estamos adentrando. El texto está en clave de éxodo, de salida. El éxodo fue lo que le permitió a Israel salir de la esclavitud, conformarse como pueblo y entrar en la tierra prometida. Estas crisis nos están dando la oportunidad de dejar un modo de vida que originó esta crisis y migrar a otra forma de vida más hermana.

  El gran valor del mundo en el que vivíamos era el dinero. Se trataba de hacer dinero a cualquier precio. De ahí la concentración cada vez más grande y desmesurada de la riqueza en cada vez menos manos, el surgimiento y proliferación del narcotráfico, la violencia, la corrupción estatal y privada acompañada de la impunidad, la quema y depredación de los bosques, la contaminación de la tierra y de las fuentes de agua con agro tóxicos, el recalentamiento global, entre otros. La consigna era: “El que roba una gallina es un ladrón, el que roba 15 millones es un genio”.

  Estas crisis sanitaria y económica que estamos viviendo nos muestran que este camino lleva a la muerte a millones de personas. Jesús en el evangelio de hoy nos propone una manera alternativa de organizar la sociedad ya no sobre el dinero sino sobre el compartir agradecido.

  200 denarios, el equivalente a unos ocho meses de salario, no alcanzarían para que a cada quien le tocara un pedazo. Era una suma desproporcionada para el grupo de Jesús. La alternativa la ofrece un muchacho que en su ingenuidad le ofrece a Jesús los cinco panes y los dos pescados que llevaba su familia. Me imagino la cara que le habrán puesto sus papás al darse cuenta de lo que había hecho y de lo que significaba: se iban a quedar sin comer.

  Jesús hace que la gente se siente en la hierba verde como hombres y mujeres libres, dignas y valiosos. Jesús le devuelve su poder a la gente.

  Jesús pudo haber tomado aquellos cinco panes y dos pescados y haberse ido con ellos a un lugar solitario a comerlos con sus discípulos. Pero Jesús, lejos de hacer eso, los toma y da gracias. Al hacerlo Jesús reconoce que son un don, un regalo de Dios, dejan de ser propiedad privada.

  Jesús empezó a repartir aquellos cinco panes y dos pescados. La gente, motivada por el gesto de Jesús empezó a hacer lo mismo con sus panes y pescados. Sintiéndose libres, dignas, valiosos y empoderadas imitaron el gesto de Jesús. Compartieron lo que tenían. No solo quedaron satisfechos, sino que incluso sobró.

  La gente queda fascinada y quieren tomar a Jesús y convertirlo en su rey. Jesús se retira. La solución no es entregarle el poder a nadie, eso solo lleva a caciquismos, a regímenes autoritarios y totalitarios, sino compartir el poder que se tiene.

  El compartir que propone Jesús no es fruto de una imposición. Tampoco se debe al miedo proveniente de una amenaza, ni a la promesa de un premio. El compartir que propone Jesús es fruto de la gratitud, del agradecimiento, del reconocimiento, de la experiencia del amor de Dios, de su bondad, de su generosidad, de su fidelidad, de su lealtad.

  Que podamos aprovechar estas crisis sanitaria y económica para pasar de la ingratitud a la gratitud y así, entonces, ir construyendo desde ahora, desde abajo y desde nosotras y nosotros mismos esa sociedad nueva con la que soñamos formada por comunidades de compartir agradecido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario