Homilía
24.04.2020: Jn 6,1-15

El
evangelio de Juan que hemos escuchado nos habla de una comida compartida que
alcanza para una muchedumbre. El dinero, comprar panes y pescados para todos no
es una alternativa. Andrés le dice a Jesús que hay un muchacho que está
dispuesto a compartir cinco panes y dos pescados. Jesús manda a la gente a
sentarse sobre la hierba verde. Luego toma los cinco panes y los dos pescados,
da gracias y los reparte. Alcanza y sobra. Eran unas cinco mil personas.
El
evangelio de hoy nos da una clave para enfrentar las crisis sanitaria y
económica desatadas por el COVID19 en las que nos estamos adentrando. El texto
está en clave de éxodo, de salida. El éxodo fue lo que le permitió a Israel
salir de la esclavitud, conformarse como pueblo y entrar en la tierra
prometida. Estas crisis nos están dando la oportunidad de dejar un modo de vida
que originó esta crisis y migrar a otra forma de vida más hermana.
El gran valor
del mundo en el que vivíamos era el dinero. Se trataba de hacer dinero a
cualquier precio. De ahí la concentración cada vez más grande y desmesurada de
la riqueza en cada vez menos manos, el surgimiento y proliferación del
narcotráfico, la violencia, la corrupción estatal y privada acompañada de la
impunidad, la quema y depredación de los bosques, la contaminación de la tierra
y de las fuentes de agua con agro tóxicos, el recalentamiento global, entre
otros. La consigna era: “El que roba una gallina es un ladrón, el que roba 15
millones es un genio”.
Estas
crisis sanitaria y económica que estamos viviendo nos muestran que este camino
lleva a la muerte a millones de personas. Jesús en el evangelio de hoy nos
propone una manera alternativa de organizar la sociedad ya no sobre el dinero
sino sobre el compartir agradecido.
200
denarios, el equivalente a unos ocho meses de salario, no alcanzarían para que
a cada quien le tocara un pedazo. Era una suma desproporcionada para el grupo
de Jesús. La alternativa la ofrece un muchacho que en su ingenuidad le ofrece a
Jesús los cinco panes y los dos pescados que llevaba su familia. Me imagino la
cara que le habrán puesto sus papás al darse cuenta de lo que había hecho y de
lo que significaba: se iban a quedar sin comer.
Jesús hace
que la gente se siente en la hierba verde como hombres y mujeres libres, dignas
y valiosos. Jesús le devuelve su poder a la gente.
Jesús pudo
haber tomado aquellos cinco panes y dos pescados y haberse ido con ellos a un
lugar solitario a comerlos con sus discípulos. Pero Jesús, lejos de hacer eso,
los toma y da gracias. Al hacerlo Jesús reconoce que son un don, un regalo de
Dios, dejan de ser propiedad privada.
Jesús
empezó a repartir aquellos cinco panes y dos pescados. La gente, motivada por
el gesto de Jesús empezó a hacer lo mismo con sus panes y pescados. Sintiéndose
libres, dignas, valiosos y empoderadas imitaron el gesto de Jesús. Compartieron
lo que tenían. No solo quedaron satisfechos, sino que incluso sobró.
La gente
queda fascinada y quieren tomar a Jesús y convertirlo en su rey. Jesús se
retira. La solución no es entregarle el poder a nadie, eso solo lleva a
caciquismos, a regímenes autoritarios y totalitarios, sino compartir el poder
que se tiene.
El
compartir que propone Jesús no es fruto de una imposición. Tampoco se debe al
miedo proveniente de una amenaza, ni a la promesa de un premio. El compartir
que propone Jesús es fruto de la gratitud, del agradecimiento, del
reconocimiento, de la experiencia del amor de Dios, de su bondad, de su
generosidad, de su fidelidad, de su lealtad.
Que podamos
aprovechar estas crisis sanitaria y económica para pasar de la ingratitud a la
gratitud y así, entonces, ir construyendo desde ahora, desde abajo y desde nosotras
y nosotros mismos esa sociedad nueva con la que soñamos formada por comunidades
de compartir agradecido.
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