miércoles, 15 de abril de 2020

Homilía 13.04.2020. Jesús vive. Vayan a Galilea y lo verán

Evangelio según San Mateo 28,8-15. Las... - Parroquia Ntra. Señora ...
                Estamos comenzando el tiempo de Pascua, el más importante del año. En este tiempo se nos invita a avanzar por el Camino para encontrarnos con Jesús vivo entre nosotros y empezar a experimentar su vida en nuestra vida.

                No es algo fácil. Los primeros discípulos tardaron bastante en descubrir esa presencia viva en ellos. Habían presenciado el terrible fracaso de la Cruz. Lo habían visto destrozado y muerto y atravesado por la lanza del soldado. Lo habían enterrado y tapado el sepulcro con una gran piedra. No cabía duda: Jesús estaba muerto y bien muerto.  Y ellos se sentían abandonados y sin esperanza alguna. Las mujeres van a la sepultura como se acostumbra cuando muere alguien muy querido, para recordarlo y arreglar un poco el sitio y llorar y consolarse un poco mutuamente con sus recuerdos.

                Y se encuentran de repente con algo totalmente inesperado y sorprendente: Alguien les saluda y le dice: “No tengan miedo. Avisen a los hermanos y vayan a Galilea. Allá lo verán”.  Despareció el miedo y la tristeza y llenas de una inmensa alegría corrieron a dar la gran noticia a los discípulos: ¡Jesús vive!, ¡corramos a Galilea y lo veremos!.

                Galilea era el sitio donde Jesús había vivido, donde había sanado a tantos, donde había abierto los ojos a ciegos, donde había curado a leprosos, donde había liberado a muchos de sus dolencias, sus sufrimientos, su marginación, sus desgracias. Donde había mostrado que Dios es Amor, especialmente por los pobres y afligidos. Y donde los discípulos habían aprendido a vivir como hermanos, a quererse de veras, a perdonarse, a sacrificarse unos por otros, a compartir con alegría y agradecimiento todo lo que tenían.

                Galilea era el lugar donde se empezó a hacerse realidad el Reinado de Dios: el reinado de la verdad, la justicia, la fraternidad, la vida para todos, la abundancia en medio de la sencillez y la alegría. El sitio donde nadie se sentía marginado, despreciado, oprimido. Donde todos se sentían acogidos y bienvenidos. Todos se sentían invitados, queridos, respetados, amados. Donde se podía vivir feliz, rodeado de hermanos, sin temor ni angustia de ninguna clase.  

                Pero para llegar a Galilea había que caminar, ayudarse unos a otros, servirse unos a otros, sacrificarse unos por otros. Jesús era y es el Camino, la Verdad y la Vida. Un camino que no es cómodo, no es fácil, en el que hay piedras, hoyos, cuestas. Pero en el que se vive la presencia del Señor, que conforta, que consuela, que ilumina, siempre a través de los hermanos y con ellos.

                La Resurrección no es volver a esta vida mortal, llena de dolores, problemas, injusticias y sufrimientos. Volver a esta vida física, con tantos dolores enfermedades y muertes. Sino comenzar una vida nueva, al modo de los que seguían a Jesús en Galilea. La Resurrección no es algo físico, biológico, material. Para conocer a Jesús no hace falta estudiar mucho, documentarse mucho, prepararse mucho. Lo único que hace falta es seguirle entre los hermanos, los que sufren, los marginados. Como Él lo hizo: compartiendo, sirviendo, amando. Y ahí empezamos a “ver al Señor, que vive entre nosotros”. Nos convertimos en “Cuerpo de Cristo” aquí en esta tierra.  Eso es la Fe cristiana. Y cuando uno lo hace, poco a poco, va descubriendo que ahí está el Señor, que el Señor vive entre nosotros, que Él es el que nos da la fuerza, la paz, la alegría, la sabiduría para ir enfrentado los problemas y construir un mundo nuevo. Nadie es descartado, despreciado. A todos se nos invita a desarrollar todas las buenas cualidades, capacidades, “carismas” que Él nos da. Pero para ponerlas al servicio de los hermanos, la familia de Dios.

                Jesús no nos ofrece una vida cómoda, fácil. Lo que nos ofrece es la vida que Él vivió en Galilea, en Nazaret. Que a Él le llevó a la cruz. Y el que le siga también se encontrará con la cruz. Pero sentirá su compañía que hará que la cruz se haga llevadera, liviana. “Aprendan de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán alivio, paz, fortaleza y alegría” porque el Reinado de Dios ya ha comenzado. Es tiempo de vivir la Resurrección y encontrarnos con Él en el camino de Galilea.

                Estamos viviendo esta cuarentena del coronavirus. Una ocasión muy buena para descubrir la presencia vivificante del Señor en nuestras vidas. Él nos está invitando a tomar la cruz de cada día y a ayudar a los demás a llevar sus cruces.  Ojalá que aprovechemos la ocasión.  Que nuestra Madre que acompañó a Jesús hasta el Calvario nos haga sentir su compañía y su protección en estos tiempos recios y difíciles y así podamos sentir cómo el Señor vive entre nosotros, cómo su Reinado ya ha comenzado.   

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