Homilía 11.04.2020. Vigilia Pascual (Mt 28,1-10)
Estamos
celebrando esta Vigilia Pascual en medio de la cuarentena por el Covid 19. Las
perspectivas para los siguientes meses no son halagadoras. ¿No deberíamos mejor
aplazar la celebración de esta Vigilia Pascual como se ha hecho con muchos
otros eventos, para después de que pase la cuarentena y el peligro del Covid
19? Me parece que si no podemos celebrar en plena cuarentena y conscientes del
peligro del Covid 19 esta Vigilia Pascual no habría cuándo celebrarla. Veamos
por qué es tan importante celebrarla en las circunstancias actuales.
Comencemos
con el fuego y el Cirio Pascual. Estamos en medio de una noche provocada más
inmediatamente por la cuarentena por el Covid 19, pero que tiene sus raíces en
una brutal desigualdad en la repartición de la riqueza y de las oportunidades;
en sistemas políticos fundamentados en la violencia, la corrupción y la
impunidad que convierten al Estado y sus bienes en botín, y que lejos de servir
al pueblo que los eligió buscan como servirse de él y perpetuarse en el poder;
en una organización de la sociedad basada en el miedo, la desconfianza y la atomización
de sus miembros; en una pasividad destilada a partir de siglos de opresión,
exclusión y represión, por mencionar solo algunos. En esta noche nos
encontramos desde hace mucho tiempo, lo que han hecho la cuarentena y el Covid
19 es visibilizarla. Lo que estamos haciendo en esta Vigilia es encendiendo una
luz en medio de esta noche, o mejor, estamos dejando que Jesús nos ilumine con
su luz para poder caminar en medio de esta noche con fe, dilatado el corazón
con agradecimiento, preñadas y preñados de esperanza y experimentando un amor
que responda al suyo.
La primera
lectura del Génesis sobre la creación nos recuerda que todo ha sido creado por
Dios y que todo es bueno, o muy bueno, como se dice luego de la creación del
ser humano. También se nos recuerda que somos parte de la creación. En esta
crisis que estamos viviendo es muy importante reconocer que todo lo que tenemos
es un regalo, un don de Dios, y un don bueno, que por tanto hay que reconocer,
agradecer y cuidar. Esta crisis pareciera estarle dando a la casa común y a
nosotras y nosotros mismos la oportunidad de recrearnos, de darnos nuevos
aires, de respirar. El recalentamiento global nos pone ante los ojos la urgente
necesidad de cambiar nuestra manera de relacionarnos con nuestra casa común y entre
nosotras y nosotros. No es viable seguirla maltratando para extraerle el máximo
beneficio. Se nos invita a entablar un diálogo con ella y entre nosotras y
nosotros para encontrar maneras sustentables de seguir habitándola.
En la
lectura del Éxodo Dios le dice una frase a Moisés que muy bien nos la podría
estar diciendo a nosotras y nosotros en esta crisis que estamos viviendo: “¿Por
qué sigues clamando a mí? Diles a los israelitas que se pongan en marcha”. Aquí
pareciera que Dios nos invita a dejar de estarle clamando para hacer lo que
solo nosotras y nosotros podemos hacer, para ponernos en marcha, para salir de
modos de relación basados en la opresión, la exclusión y la violencia, y
dirigirnos a modos de relación basados en la confianza, la inclusión y el
compartir agradecido. Hay salida de esta crisis, pero tenemos que ponernos en
marcha como comunidad organizada y solidaria.
La lectura
de Isaías nos invita a tomar conciencia de nuestra necesidad de alimento, de
los frijoles, tortillas y pinol que necesitamos para alimentarnos, pero también
de nuestras sed y hambre más profundas. Nos recuerda que la comida debe de
alcanzar para todas y todos, independientemente del dinero, porque todas y
todos necesitamos alimentarnos. Nos invita a aprovechar este tiempo para buscar
y encontrar a Dios que nos sale al encuentro en lo cotidiano. Nos recuerda que
como distan los cielos de la tierra así distan sus caminos y sus pensamientos
de los nuestros. Nos invita a no quererlo comprender, sino a dejarnos envolver por
su misterio benevolente y confiarnos a sus manos de Padre – Madre amoroso.
En la carta
a los Romanos Pablo nos recuerda que la muerte ya no tiene dominio sobre Jesús,
pero que eso no se le dio evitándola, sino atravesándola dejándose traspasar
por ella. Y eso que vale para Jesús, nos recuerda Pablo, vale también para
nosotras y nosotros. En medio de esta crisis que nos hace especialmente
presente a la muerte, ésta no hay que buscarla, pero tampoco temerla. Toca
aceptarla cuando llame a nuestra puerta haciendo lo que nos ha sido encomendado
hacer, realizando nuestra misión, confiando en aquel de cuyo amor nada ni nadie
nos puede separar.
En el
evangelio de Mateo, el ángel les anuncia a las mujeres que Jesús, el
crucificado, ha resucitado. Luego se les aparece en persona. Ellas le abrazan
los pies, como para impedir que se aleje. Pero él les repite la misión que ya
les había dado el ángel, anunciar a las y los hermanos que vayan a Galilea, que
ahí lo encontrarán. Las invita a dejar el miedo. Ellas se llenan de alegría, y,
realizan su misión, porque de no haberlo hecho, nosotras y nosotros no
estaríamos hoy aquí. Nos invita a dejar el miedo, a soltarlo, para que tanto él
como nosotras y nosotros podamos realizar nuestra misión, irlo a buscar en
nuestras Galileas, en nuestras vidas comunes y ordinarias de todos los días,
reconociéndolo en las y los crucificados de nuestro tiempo, dejándonos interpelar
por ellos y su necesidad, y haciendo lo que solo nosotras y nosotros podemos
hacer: tenerles la mano luego de habernos hecho cercanas y cercanos, haber
dialogado y habernos dejado conmover.
En
definitiva, esta noche es necesario como nunca, celebrar esta Vigilia Pascual
en medio de la cuarentena por el Covid 19 porque en ella proclamamos nuestra fe
en que Jesús, el matado, crucificado y traspasado está vivo, porque nadie le
pudo quitar la vida que él entregó libremente; porque en ella anunciamos que el
Dios de Jesús es un Dios que alcanza para todas y todos, que no excluye a nadie
porque se pone como último para que todas y todos tengamos un lugar en la mesa
del banquete del Reino; porque en ella damos testimonio de un amor que responde
al suyo, aunque no sea sino incipientemente, de un amor que nos lleva en medio
de esta noche de crisis a entregar nuestras vidas sin temor a perderlas,
sirviendo como últimas a los últimos, compartiendo lo que somos y tenemos, y
todo esto, con un corazón desbordante de gratitud y alegría por tanto bien
recibido, que ilumina esta noche.
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