martes, 7 de abril de 2020


Homilía 07.04.2020. Martes Santo

Evangelio del Apóstol Juan 13:21-23, 36-38 | Reflexiones y ...
Hermanas y hermanos, nos encontramos ya en el Martes Santo y avanzamos en nuestro caminar acompañando a Jesús hacia el Misterio Pascual, un camino que no es fácil recorrer como se lo hace ver Jesús a Pedro en el Evangelio de hoy: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”. Sin embargo, al enfrentarse Pedro con la posibilidad de la muerte, titubeó y negó tres veces a Jesús.

Acaso nosotras y nosotros no vivimos en muchas ocasiones fervores indiscretos prometiendo al Señor serle fieles y entregarle totalmente nuestras vidas, sin embargo, cuando se nos presentan situaciones difíciles de la vida fácilmente titubeamos e incluso podemos llegar a negar al Señor con nuestras acciones.

El misterio de la Pasión-Muerte-Resurrección del Señor pone al descubierto la verdad de las discípulas y discípulos suyos y nos devela el verdadero ser de un discípulo. Judas tampoco pudo soportar la paciencia con que Jesús anunciaba el reinado de Dios. Él quería otro reino: el del poder de las armas, el de la opresión de los enemigos, el de la guerra, el de las expresiones maravillosas. Jesús, en cambio, predica un Reino de justicia y paz verdaderas, que brotan desde la misericordia y el amor de un Dios que es padre-madre de todas y todos, sin exclusión, sin rechazos, sino que restaura, libera, invita a seguirle y a ser sus siervos siendo luz para las naciones.  

Esa invitación la encontramos plasmada en la primera lectura de hoy, del profeta Isaías. Dios nos ha llamado desde antes de ser creados para ser imagen y semejanza suya, y de esa manera mostrar su gloria. Pero esa gloria no es pasajera y angelical como la hemos concebido en muchas ocasiones. “La gloria de Dios está en que el ser humano viva” nos decía san Ireneo de Lion y san Óscar Romero la retomaba y señalaba que “la gloria de Dios es que el pobre viva”. De ahí que nosotras y nosotros hemos sido llamados por Dios para hacer manifestar su gloria desde el compromiso profundo con la vida de los pobres, de los desposeídos, de los excluidos y de los marginados de la sociedad, aquellos que muchas veces incomodan, pero es en su “vida digna” donde se nos ha de manifestar la verdadera gloria de Dios.

Más aún, señala el profeta: “Es poco que seas mi siervo, (…); te voy a convertir en luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra” (Is 49,6). Y he aquí que la luz se enciende para alumbrar a todas y todos los de la casa. Por eso, no puedo ser luz de la calle y oscuridad de mi casa; la luz que viene de Dios debe resplandecer en mi vida y sobre todo en mis acciones cotidianas con las demás personas. Es decir, se refiere a asumir el modo de proceder propio de Jesús como nuestro y de esa forma mostrar a los demás la cercanía de Dios junto a quien lo necesita.

Este tiempo de cuarentena es un tiempo propicio para mostrar la gloria de Dios en medio de nosotras y nosotros y para ser luz para quienes nos necesitan. Y esto inicia con un compromiso concreto: frente a esta epidemia no se puede continuar por las calles de forma irresponsable, sin cuidarme ni cuidar, por tanto, de los demás, hacer eso, nos decía el Papa Francisco en la bendición Urbi et Orbi, es un pecado contra el amor al prójimo y en relación con las lecturas de hoy, sería rechazar el mandato de Dios de ser luz para los demás y convertirme en oscuridad.

La Semana Santa de este año no la vamos a vivir con expresiones propias de la religiosidad popular, ni siquiera con la participación asidua en las celebraciones, como en los años anteriores. Pero sí la hemos de vivir comprometidas y comprometidos a cuidarnos responsablemente y a cuidar de los demás, sobre todo de los más débiles: los adultos mayores, las niñas y niños, y también de los más pobres que en esta cuarentena empiezan a tener hambre porque sus pocas posibilidades ya llegaron al límite.

Si queremos vivir una Semana Santa responsable este año debemos preguntarnos de qué manera puedo ayudar a quien esté necesitado de mí en este momento, de lo contrario podríamos estar negando tres veces o más a Jesús como lo hicieron Pedro y los demás discípulos, ante su muerte.
Hermanas y hermanos pidamos al Señor la gracia de asumir el compromiso que conlleva mostrar la gloria de Dios y ser luz para los demás, en medio de esta cuarentena en Semana Santa que estamos viviendo. Que la cercanía amorosa de Dios nos acompañe en todo momento. Amén.

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