Homilía 06.04.2020. La Cena de Betania Jn.12,1-11.

Seis días
antes de la Pascua, Lázaro, Marta y María ofrecieron a Jesús y sus discípulos
una cena en su casa de Betania, cerca de Jerusalén, donde Jesús solía
hospedarse cuando iba allá. Las cenas con los discípulos eran un acontecimiento
muy importante para Jesús y la nueva familia de hermanos que se estaba formando
y prefiguraban ya la Última Cena que se iba a celebrar unos días después.
La cena es
un lugar muy apropiado donde salen a la luz los sentimientos y vivencias más
profundas que llevamos dentro. Un momento para compartir y reflexionar lo que
hemos vivido durante el día. Marta
muestra su corazón y su amor por Jesús organizando y sirviendo la cena con
cariño y atención. María lo muestra con el detalle lleno de ternura y
generosidad de buscar el perfume, muy caro y abundante, y derramarlo, con gran
respeto y amor, sobre los pies de Jesús.
Pero también
Judas manifiesta hipócritamente lo que anidaba en su corazón: la codicia por el
dinero de la bolsa, que él administraba. Finge su preocupación por los pobres
para ocultar su ambición, para ocultar que su auténtico dios era el dinero, su
ídolo. Jesús se da cuenta, pero no se lo recrimina y le invita a reflexionar
anunciando su próxima despedida. Jesús no nos reclama nada, no nos exige, pero
nos muestra la luz y nos invita a seguirla. Jesús amaba con todo su corazón a
Marta, María y Lázaro. Pero también a Judas y a los demás y por eso ilumina el
camino para el bien de cada uno de nosotros. La luz descubre lo mucho de bueno
y bello que hay en nosotros, para que lo disfrutemos y hagamos crecer. Pero
también lo falso y malo, para que lo corrijamos a tiempo y no nos destruya.
La cena es
comida real y verdadera, alimento para el cuerpo físico y también para el espíritu.
Comida verdadera y bebida verdadera para que vivamos y crezcamos en paz, amor y
alegría. Es símbolo de la Ultima Cena, la Eucaristía. Es momento de compartir
alegre y fraterno, disfrutando la vida que el Señor nos regala y compartiéndola
con los demás.
Jesús nos
dice que el Reinado de Dios es algo así, como un banquete pero eterno, sin fin
y siempre renovado, siempre creciendo. Y por el amor que nos tiene, su mayor
deseo es comunicárnoslo a todos, sin dejar a nadie por fuera. Pero para entrar en él, sólo hay un camino:
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Y ese camino ya ha comenzado, aquí,
entre nosotros. Y pasa por el calvario, el dolor enfrentado por amor a los
demás. La Cruz que se llena de luz y vida cuando se enfrenta como Jesús, como
él lo hace con nosotros.
Estamos
viviendo la cuarentena, que este año nos coincide con la Cuaresma. La Cuaresma que desemboca en la Semana Santa
que lleva a la alegría de la Vida Pascual. Que el Señor nos conceda vivir este
tiempo como él lo hizo, guiados por su Palabra, perseverando en el camino,
ayudando a todos con generosidad y sabiduría, sacrificándonos con alegría y
compartiendo de corazón, para así alcanzar la alegría de la Vida en plenitud,
la Vida Divina.
Que así sea.
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