Homilía 08.04.2020. Miércoles Santo Mt 26, 14-25.

El
evangelio de hoy nos habla de la traición de Judas. Judas, era uno de los doce,
de los discípulos más cercanos de Jesús. Judas vende a Jesús por 30 monedas.
Jesús lo sabe y le deja saber a Judas que sabe de su traición. Sin embargo, no
lo denuncia ante el resto. Le sigue ofreciendo su confianza y amistad hasta el
final cenando con él. La actitud de Judas contrasta con la de la mujer que en
la escena anterior unge a Jesús. La mujer se entrega a Jesús, Judas lo entrega,
lo vende, hace negocio con él.
Estamos en
cuarentena desde el 16 de marzo pasado. Nos sentimos amenazadas y amenazados
por el Covid 19 cuya propagación vamos siguiendo día a día por los medios de
comunicación. El mundo está afanado en buscar cómo protegerse de él, o mejor, cómo
combatirlo, cómo destruirlo. El mundo le ha declarado la guerra el Covid 19. Lo
vemos como enemigo, como uno de los peores males de los últimos tiempos. Y, por
supuesto, males enormes necesitan remedios todavía más grandes: el
endeudamiento millonario de países ya altamente endeudados por parte de
gobiernos con largos historiales de corrupción e impunidad, reticentes a la una
rendición de cuentas transparente. El Covid 19 se ha convertido en un gran
negocio, como toda guerra. ¿Será que podríamos estarnos traicionando a nosotras
y nosotros y a las generaciones venideras al declararle la guerra al Covid 19 y
por ende convertirlo en un gran negocio?
¿Pero qué
podríamos hacer si no? ¿Tenemos alternativa a declararle la guerra?
Me parece
que la alternativa sería escuchar lo que el Covid 19 tiene que decirnos. ¿Y
cómo descifrar su lenguaje? Una primera aproximación para descubrir su mensaje
podría ser preguntarnos ¿qué nos fuerza a hacer? y ¿qué nos impide hacer?
El Covid 19
nos ha forzado a permanecer en casa, a hacer un alto en nuestro camino, a estar
en familia, a enfrentarnos con la realidad de la muerte, a plantearnos el
sentido de la vida, a reconocer cuán vulnerables somos, a descubrir cuán
vinculados estamos, a reconocer que solos no podemos.
Por otro
lado, el Covid 19 nos ha impedido seguir con el ritmo de vida que teníamos, nos
ha impedido trabajar, nos ha impedido salir de la casa, nos ha impedido darnos
la mano y abrazarnos, nos ha impedido reunirnos.
Siendo
estas preguntas importantes, para comprender el mensaje del Covid 19, tal vez
la que más nos va a develar su mensaje es: ¿qué oportunidades nos está dando el
Covid 19? Nos está dando la oportunidad de volver a valorar la familia, de
comer juntos, de platicar, de unirnos como familia. Nos está dando la
oportunidad de dejar de huir de la muerte y de verla cara a cara. Nos está
dando la oportunidad de preguntarnos para qué queremos vivir, por qué queremos
morir. Nos está dando la oportunidad de decidir cómo queremos entregarnos. Nos
está dando la oportunidad de plantearnos el sentido de nuestras vidas, de
buscarlo y de encontrarlo. Nos está dando la oportunidad de tendernos las manos
en este tiempo en el que no podemos estrechárnoslas. Nos está dando la oportunidad
de escuchar a muchos excluidos: a los enfermos que claman por una atención digna
y pertinente; a los viejos que piden ser reconocidos y respetados; a los no
nacidos que piden poder nacer; a pueblos que están padeciendo hambre al tiempo
que están hartos de la violencia, la corrupción y la impunidad; a nuestra
hermana la madre tierra que pide un respiro de la expoliación a la que está
siendo sistemáticamente sometida; a nuestros propios cuerpos que quieren dejar
de ser anestesiados con tantos analgésicos. Nos está dando la oportunidad de
cuidarnos, de cuidar de las y los nuestros, de cuidar de las y los otros, de
cuidar nuestra casa común.
Y,
finalmente, nos está dando la oportunidad de dejar la ingratitud, de dejar de
ser ingratas e ingratos, para empezar a agradecer, a dar gracias por todo, por
todas y por todos. Nos está dando la oportunidad de dar gracias por la vida que
recibimos y por la vida de aquéllos que nos la entregaron, de dar gracias por
nuestras familias, de dar gracias por nuestra salud y por nuestras dolencias,
de dar gracias por la comida nuestra de cada día, de dar gracias por la vida de
cada día, de dar gracias por el aire que respiramos, de dar gracias por la
lluvia que riega nuestros cultivos y por el sol que los hace germinar, de dar
gracias por las personas a las que amamos y que nos aman, y también de dar
gracias por aquellas a las que no amamos tanto ni nos aman tanto, de dar
gracias por nuestras faltas de visión y miopías, de dar gracias por nuestros
egoísmos, de dar gracias por nuestras vidas concretas que de pronto percibimos
amenazadas, de dar gracias por Jesús, por su amor leal, por el Padre Nuestro en
cuyas manos nos encontramos, por el Espíritu que nos entregó.
Judas
traicionó a Jesús, hizo negocio con él. La mujer anónima que unge a Jesús se
entrega a fondo perdido fruto de la gratitud. En nuestras manos está cómo
enfrentar esta crisis suscitada por el Covid 19 sabiendo que Jesús nos
acompaña, nos ama y nos da entera libertad.
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