Homilía 22.04.2020: Miércoles de la segunda semana de
Pascua.
El mensaje
central de todo el Evangelio, de la Buena Noticia de salvación, lo encontramos
en los primeros versículos del texto que hemos escuchado hoy. San Juan lo
resume así: “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que
todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Esa
es la razón por la cual Dios se humaniza en la persona de Jesús, es un acto de
total amor y entrega, para darnos una vida nueva, plena.
Así lo confirma
el texto de los Hechos de los Apóstoles en el mensaje del ángel, mandó a los
apóstoles a enseñar todo lo referente a esa nueva vida que nos ha venido de
Dios en Jesús. Es una buena noticia que se gesta en circunstancias
contradictorias, porque no todos aceptan ese mensaje de salvación que involucra
acceder a esa nueva vida mediante una nueva forma de proceder, un nuevo estilo
de vida.
San Juan nos
dice que quien recibe y acepta esa vida nueva obra el bien conforme a la verdad
que procede de Dios, de forma que no solo se trata de decir “sí acepto al Señor”
o “Jesús es mi Señor”, es necesario asumir un compromiso traducido en una nueva
vida, que cambie nuestra forma de proceder por una que también propicie la vida
desde un actuar con verdad y no con mentiras, de proclamar una verdad de fe y
actuar conforme a eso que creo. Se trata de una vida que traduce el amor más en
obras que en palabras. Ese estilo de vida se convierte a su vez en una luz que
ilumina nuestra vida y ante cualquier circunstancia sabemos esperar en Dios,
pero con acciones concretas que muestren la fe que tenemos.
La cuarentena y
la crisis que estamos viviendo no puede ser una mejor oportunidad para gestar
esa nueva vida que nos anuncia Jesús. Y ante esta realidad se nos presentan dos
posibilidades: obrar el mal y entonces seremos hijas e hijos de las tinieblas, o
decidirnos a obrar el bien conforme a la verdad y entonces seremos iluminados
por la luz que proviene de Dios, es decir una vida plena y verdadera.
Hasta el momento
la sociedad capitalista promotora del egoísmo individualista ha venido haciendo
el mal y es esa forma de proceder la que nos ha llevado a la actual crisis
sanitaria, pero más aún a una profunda crisis humana, que se deja ver en el
incremento de la violencia, la corrupción institucionalizada, el hambre
creciente de las mayorías pobres, las enormes desigualdades de nuestro mundo,
pero sobre todo en la destrucción y contaminación del ambiente que nos rodea.
Nuestros patrones de consumo han sido el derroche y el descarte, acumulando
toneladas de basura a nivel mundial, provocando que esa misma contaminación se
convierta en amenaza del ser humano.
Es por eso que
estamos ante una gran oportunidad. El virus nos ha llevado a estar más
conscientes de nuestra vida y de los que viven conmigo, mis familiares y
amigos, nos ha llevado a priorizar qué es lo verdaderamente importante en la
vida: disfrutar del tiempo con aquellos que amo y también hacerme consciente de
mi espacio, de mi medio ambiente. Nos ha llevado a descubrir con mucha claridad
nuestra vulnerabilidad y la necesidad de salir juntos adelante. En contra del
egoísmo individualista que promueve el capitalismo, la crisis nos muestra como
único camino para salir adelante la solidaridad, la hermandad, la comunicación
efectiva, la vida sencilla y sobre todo el ser agradecidas y agradecidos por
cada instante de vida que tenemos.
Sin embargo,
encontramos todavía a muchos que prefieren las obras de las tinieblas; que sin
importar exponerse y exponer a los otros no asumen los cuidados sanitarios que
requerimos. Que siguen pretendiendo acaparar para sí mismos los recursos
destinados a las grandes mayorías que siguen sufriendo hambre y miseria. Más
aún, miramos aquellos que siguen destruyendo sin medida alguna nuestros bosques
con prácticas destructoras y contaminantes del medio ambiente. Y ni hablar de
quienes, en medio de estas circunstancias, siguen usando la fuerza y la
violencia como camino de superación de la crisis. Todas esas obras nos conducen
a la destrucción de la vida y no nos ayudarán a superar esta crisis.
El Señor
resucitado, en medio de esta profunda crisis nos hace un llamado a asumir un
compromiso con nuestra vida y la de las-los demás, porque Dios no envió a su
Hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo se salvara por él. Esa
salvación solo es posible en la medida en que asumamos un cambio en nuestros
patrones de conducta, con un estilo de vida totalmente saludable.
Pidamos al Señor
que nos de la gracia para asumir esa vida nueva en nosotras y nosotros, como un
compromiso de cada día. Amén.
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