miércoles, 22 de abril de 2020

Homilía 22.04.2020: Miércoles de la segunda semana de Pascua.

Lectio Divina: Lectio Divina: Miércoles, 30 de Abril, 2014 ...

El mensaje central de todo el Evangelio, de la Buena Noticia de salvación, lo encontramos en los primeros versículos del texto que hemos escuchado hoy. San Juan lo resume así: “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Esa es la razón por la cual Dios se humaniza en la persona de Jesús, es un acto de total amor y entrega, para darnos una vida nueva, plena.

Así lo confirma el texto de los Hechos de los Apóstoles en el mensaje del ángel, mandó a los apóstoles a enseñar todo lo referente a esa nueva vida que nos ha venido de Dios en Jesús. Es una buena noticia que se gesta en circunstancias contradictorias, porque no todos aceptan ese mensaje de salvación que involucra acceder a esa nueva vida mediante una nueva forma de proceder, un nuevo estilo de vida.

San Juan nos dice que quien recibe y acepta esa vida nueva obra el bien conforme a la verdad que procede de Dios, de forma que no solo se trata de decir “sí acepto al Señor” o “Jesús es mi Señor”, es necesario asumir un compromiso traducido en una nueva vida, que cambie nuestra forma de proceder por una que también propicie la vida desde un actuar con verdad y no con mentiras, de proclamar una verdad de fe y actuar conforme a eso que creo. Se trata de una vida que traduce el amor más en obras que en palabras. Ese estilo de vida se convierte a su vez en una luz que ilumina nuestra vida y ante cualquier circunstancia sabemos esperar en Dios, pero con acciones concretas que muestren la fe que tenemos.

La cuarentena y la crisis que estamos viviendo no puede ser una mejor oportunidad para gestar esa nueva vida que nos anuncia Jesús. Y ante esta realidad se nos presentan dos posibilidades: obrar el mal y entonces seremos hijas e hijos de las tinieblas, o decidirnos a obrar el bien conforme a la verdad y entonces seremos iluminados por la luz que proviene de Dios, es decir una vida plena y verdadera.

Hasta el momento la sociedad capitalista promotora del egoísmo individualista ha venido haciendo el mal y es esa forma de proceder la que nos ha llevado a la actual crisis sanitaria, pero más aún a una profunda crisis humana, que se deja ver en el incremento de la violencia, la corrupción institucionalizada, el hambre creciente de las mayorías pobres, las enormes desigualdades de nuestro mundo, pero sobre todo en la destrucción y contaminación del ambiente que nos rodea. Nuestros patrones de consumo han sido el derroche y el descarte, acumulando toneladas de basura a nivel mundial, provocando que esa misma contaminación se convierta en amenaza del ser humano.

Es por eso que estamos ante una gran oportunidad. El virus nos ha llevado a estar más conscientes de nuestra vida y de los que viven conmigo, mis familiares y amigos, nos ha llevado a priorizar qué es lo verdaderamente importante en la vida: disfrutar del tiempo con aquellos que amo y también hacerme consciente de mi espacio, de mi medio ambiente. Nos ha llevado a descubrir con mucha claridad nuestra vulnerabilidad y la necesidad de salir juntos adelante. En contra del egoísmo individualista que promueve el capitalismo, la crisis nos muestra como único camino para salir adelante la solidaridad, la hermandad, la comunicación efectiva, la vida sencilla y sobre todo el ser agradecidas y agradecidos por cada instante de vida que tenemos.

Sin embargo, encontramos todavía a muchos que prefieren las obras de las tinieblas; que sin importar exponerse y exponer a los otros no asumen los cuidados sanitarios que requerimos. Que siguen pretendiendo acaparar para sí mismos los recursos destinados a las grandes mayorías que siguen sufriendo hambre y miseria. Más aún, miramos aquellos que siguen destruyendo sin medida alguna nuestros bosques con prácticas destructoras y contaminantes del medio ambiente. Y ni hablar de quienes, en medio de estas circunstancias, siguen usando la fuerza y la violencia como camino de superación de la crisis. Todas esas obras nos conducen a la destrucción de la vida y no nos ayudarán a superar esta crisis.

El Señor resucitado, en medio de esta profunda crisis nos hace un llamado a asumir un compromiso con nuestra vida y la de las-los demás, porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo se salvara por él. Esa salvación solo es posible en la medida en que asumamos un cambio en nuestros patrones de conducta, con un estilo de vida totalmente saludable.
Pidamos al Señor que nos de la gracia para asumir esa vida nueva en nosotras y nosotros, como un compromiso de cada día. Amén. 

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