Homilía
26.04.2020: 3er. domingo de
Pascua
Yoro

La primera
lectura de los Hechos de los apóstoles nos narra la predicación de Pedro en el
día de Pentecostés: proclama que Dios resucitó a Jesús, que ellos son testigos
y que han recibido el Espíritu Santo de él.
La primera
carta de Pedro reflexiona sobre el cambio de vida experimentado por aquellos
que le han dado su adhesión a Jesús al reconocer su entrega libre y generosa,
su amor leal.
El
evangelio de Lucas nos habla del episodio de los discípulos de Emaús quienes se
encuentran con Jesús en el camino, en las escrituras, y en el partir y
compartir el pan.
Tal vez
este relato nos ayude a que se nos abran también a nosotras y nosotros los ojos
para que podamos reconocer a Jesús en nuestro camino en estas crisis sanitaria
y económica que estamos viviendo.
Los
discípulos van de regreso de Jerusalén a su aldea de Emaús. Van frustrados y
tristes por el camino. También nosotras y nosotros hemos experimentado muchos
sentimientos y hemos recorrido varias estaciones en este camino de 42 días de
cuarentena: negación, cólera, negociación, depresión, aceptación (Elizabeth Kubler-Ross).
Comenzamos
creyendo que estas crisis nunca nos iban a afectar. De China a Honduras hay un
largo camino. Seguro se detendrían en el camino. Pero estas crisis, como muchos
de nuestros migrantes, no conocieron fronteras y poco a poco están traspasando
las nuestras. Esto posiblemente nos llenó de mucha cólera e ira. Despotricamos,
no sin razón, contra políticos y gobiernos que nos han dejado en una situación
tan vulnerable frente a estas crisis sanitaria y económica cuyas consecuencias
vamos experimentando cada día con más fuerza y cuya gestión sigue estando
plagada de autoritarismo, corrupción e impunidad. En algún momento tal vez nos
descubrimos negociando con Dios, pidiéndole que por lo menos mi familia y yo
podamos salir bien libradas de estas crisis. Pero el virus no hace acepción de
personas. Eso tal vez nos llevó a una cierta depresión, a sentimientos de
angustia, ansiedad, estrés. Nos sentimos atrapadas y atrapados en un espacio
que empezamos a experimentar como cárcel al tiempo que nos sentíamos como reos
de muerte en espera del día de la ejecución. Y los peor de todo, Dios no
aparece por ninguna parte, como que si se hubiera olvidado de nosotras y
nosotros, como si nos hubiera dejado de su mano.
En medio de
esa situación tal vez descubrimos que no estamos solas y solos, que son muchas
las personas que están afectadas por estas crisis sanitaria y económica. Tal
vez empezamos a hablar o a chatear con algunas personas. A lo mejor sacamos
nuestras Biblias y retomamos su lectura. Tal vez nos damos algunos tiempos para
orar, para conversar con Dios, aunque no sea sino para reclamarle su ausencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario