domingo, 26 de abril de 2020


Homilía 26.04.2020: 3er. domingo de Pascua
Yoro

PARREMEDIOS BIBLIA: abril 2014

  La primera lectura de los Hechos de los apóstoles nos narra la predicación de Pedro en el día de Pentecostés: proclama que Dios resucitó a Jesús, que ellos son testigos y que han recibido el Espíritu Santo de él.

  La primera carta de Pedro reflexiona sobre el cambio de vida experimentado por aquellos que le han dado su adhesión a Jesús al reconocer su entrega libre y generosa, su amor leal.

  El evangelio de Lucas nos habla del episodio de los discípulos de Emaús quienes se encuentran con Jesús en el camino, en las escrituras, y en el partir y compartir el pan.
  Tal vez este relato nos ayude a que se nos abran también a nosotras y nosotros los ojos para que podamos reconocer a Jesús en nuestro camino en estas crisis sanitaria y económica que estamos viviendo.

  Los discípulos van de regreso de Jerusalén a su aldea de Emaús. Van frustrados y tristes por el camino. También nosotras y nosotros hemos experimentado muchos sentimientos y hemos recorrido varias estaciones en este camino de 42 días de cuarentena: negación, cólera, negociación, depresión, aceptación (Elizabeth Kubler-Ross).

  Comenzamos creyendo que estas crisis nunca nos iban a afectar. De China a Honduras hay un largo camino. Seguro se detendrían en el camino. Pero estas crisis, como muchos de nuestros migrantes, no conocieron fronteras y poco a poco están traspasando las nuestras. Esto posiblemente nos llenó de mucha cólera e ira. Despotricamos, no sin razón, contra políticos y gobiernos que nos han dejado en una situación tan vulnerable frente a estas crisis sanitaria y económica cuyas consecuencias vamos experimentando cada día con más fuerza y cuya gestión sigue estando plagada de autoritarismo, corrupción e impunidad. En algún momento tal vez nos descubrimos negociando con Dios, pidiéndole que por lo menos mi familia y yo podamos salir bien libradas de estas crisis. Pero el virus no hace acepción de personas. Eso tal vez nos llevó a una cierta depresión, a sentimientos de angustia, ansiedad, estrés. Nos sentimos atrapadas y atrapados en un espacio que empezamos a experimentar como cárcel al tiempo que nos sentíamos como reos de muerte en espera del día de la ejecución. Y los peor de todo, Dios no aparece por ninguna parte, como que si se hubiera olvidado de nosotras y nosotros, como si nos hubiera dejado de su mano.

  En medio de esa situación tal vez descubrimos que no estamos solas y solos, que son muchas las personas que están afectadas por estas crisis sanitaria y económica. Tal vez empezamos a hablar o a chatear con algunas personas. A lo mejor sacamos nuestras Biblias y retomamos su lectura. Tal vez nos damos algunos tiempos para orar, para conversar con Dios, aunque no sea sino para reclamarle su ausencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario