Homilía 27.04.2020: Jn.6, 29 Creer en Dios es creer en el Hombre Jesús

Después de la multiplicación de los
panes, las gentes querían proclamar rey a Jesús, nos dice Jn.6,15. Y Jesús se
esconde y se lamenta de que la gente no ha entendido el mensaje. La gente
intuyó que tenía presente al mesías que ellos esperaban. Alguien muy poderoso
que arreglaba los problemas desde fuera, desde el poder, desde arriba. Alguien
que se compadecía de los hambrientos y de los pobres y con su fuerza
sobrehumana ponía remedio a cualquier necesidad, cualquier dificultad por
grande que fuera. Y eso les entusiasmaba, pensaban: esto es lo que nosotros
necesitamos, un Mesías que se compadece de nosotros y que como tiene poderes
divinos nos remedia cualquier problema. Lo nombramos rey absoluto y él nos
arregla todo: el hambre, la enfermedad, la opresión, las injusticias, el
sufrimiento,…
Sin embargo ese no era el pensar de
Jesús. Es muy cierto que Jesús quiere de corazón que se remedie toda maldad que
acosa a los hombres, a toda la humanidad. Él lo muestra en sus muchos milagros
y señales. Su voluntad es clara y decidida.
Pero el camino para ello es el contrario de lo que la gente piensa y
espera. La gente quiere un camino fácil, cómodo, sin cruz. Pero el Camino del Hijo del Hombre, del
Hombre Jesús es un Camino que comienza en Belén, entre los pastores, entre los
marginados, los despreciados. Que pasa por Egipto, la carestía, la pobreza, la
emigración, la humillación, la inseguridad. Que sigue por Nazareth, el trabajo
sencillo, humilde, mal retribuido, la opresión, el desprecio. Un Camino de
entrega y servicio a los demás que nadie aprecia. El Camino del Amor, de la
entrega, del sacrificio, de la Cruz, de la Pasión. Un Camino que la gente ni
quiere, ni quiere entender. Pero que es el único camino que de verdad sirve,
que lleva al Reinado de la Paz, la Fraternidad, la Alegría, la Vida verdadera y
eterna.
Por eso Jesús se esconde y se
lamenta: les enseño el Camino de tantos modos y con tantos ejemplos, pero su
corazón y su mente siguen duros, no quieren entender, no quieren seguirme. En
la Pasión hasta sus mismos discípulos, huyen y se dispersan.
Ayer leímos el Evangelio de los de
Emaús, que nos recordaba lo tristes y decepcionados que iban los
Discípulos.
Y Jesús con inmensa paciencia les va abriendo la mente y el corazón para que
comprendieran que ese camino no había sido una desgracia, una maldición, un triunfo
del poder y el mal; sino que “era
necesario”
pasar por todo ello para mostrar que precisamente ese era el camino de la Vida
Verdadera y Eterna, el único camino para que creamos de veras que el Padre, es
puro Amor y sólo Amor. Y para que creyendo entremos a la Vida Verdadera, la
Vida Plena y Eterna. Los de Emaús lo fueran descubriendo poco a poco a lo largo
del caminar, reflexionando y meditando las Escrituras que hablaban de la Pasión
y la Cruz. Y al final del camino, al compartir el pan “se les abrieron los ojos”
y el corazón y llenos de alegría y luz hicieron el camino de regreso a
Jerusalén, que se les hizo fácil y ligero por la alegría que les iluminaba el
corazón.
La gran Buena Noticia que nos trae
Jesús es que los problemas, sufrimientos y contrariedades de esta vida, no son
una desgracia, una maldición, una mala suerte. Sino más bien un llamado de Dios
a cambiar nuestra vida dominada por los ídolos del consumismo, de la codicia,
del beneficio económico a como dé lugar, de la competencia sin importar
aplastar a los sobrantes, a los débiles, a los de fuera.
Ojalá se nos abran los ojos y el
corazón para que en medio de la pandemia que nos ha llegado descubramos esa luz
que el Señor nos está enviando. No es pequeño el reto. Nos llega a todos, en
todos los países, sin importar fronteras ni culturas, ni pobreza ni
riqueza. Y a todos se nos pide que
colaboremos seriamente, no vale encerrarse en sus propios mezquinos intereses.
Hay que cerrarse más en casa, para no contaminarse y contaminar a otros. Pero
no en el propio egoísmo, sino al contrario, abrir el corazón al bien de los
otros, a servir de veras, por amor, no sólo hacer lo que nos manden por
contrato, sino de modo creativo y generoso.
Todos hemos de colaborar con nuestro trabajo responsable, nuestras
ideas, nuestras iniciativas, siguiendo las sugerencias e indicaciones que nos
ofrece la medicina y la ciencia.
Como seguidores del Señor, sabemos
que Él todo lo ha creado con Amor, con Sabiduría, que la Creación es una
maravilla llena de sentido, de belleza, de bondad. Que todo es bueno porque Él
así lo ha querido y lo quiere. Y que nos lo entrega a nosotros para que vivamos
como hermanos, como hijos suyos queridísimos. Pero que no podemos tratarla a
capricho, a lo que queramos, sin tener en cuenta a los demás, buscando sólo el
propio interés. Eso nos destruiría a todos.
Los que creemos en el Señor, sabemos esto y también que Él vive y nos
acompaña en nuestro caminar y ha vencido de todo mal y todos los ídolos. Y
todos y cada uno tenemos algo que aportar en este caminar, nadie es sobrante,
inútil. Es necesario que todos colaboremos. Siempre habrá gente que no quiera colaborar,
que siga sus ídolos privados. Y eso retrasa la solución a las crisis. Pero
llegará un tiempo en que todo mal será vencido. El Señor ha triunfado de la
muerte y nos asegura que todo aquel que viva unido a Él, también vencerá. Que
Él nos ilumine y avive nuestra Fe, nuestra confianza, nuestro corazón y así
avancemos a nuestra meta definitiva y lo hagamos realidad cuanto antes. Que
nuestra Madre María, Auxilio de los Cristianos nos siga acompañando y mostrando
su amor maternal. Amén.
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