viernes, 24 de abril de 2020

Homilía 23.04.2020: Jn.3,35 “El que cree en el Hijo tiene vida eterna”

El que cree en el Hijo tiene vida eterna | Movimiento Familiar ...

              En este jueves de la 2ª. Sem. de Pascua, seguimos meditando el Cap.3 de S.Jn., la plática que Jesús tuvo con Nicodemo en la que se nos ayuda a profundizar en los caminos de la Fe.  Jesús nos dice “el que cree en el Hijo tiene vida eterna”.  Creer en Jesús no es sólo tener unas ideas acerca de Jesús o sobre sus enseñanzas. Es mucho más que eso: supone un seguimiento en la vida, un compromiso que nace de ver a las personas como las ve el Padre, con cariño, con amor, pero viendo la totalidad de su ser y comportarse con ellas y con las cosas de la vida como Jesús lo hacía.

              Jesús veía en cada persona una creatura de Dios, un ser que Dios ha creado con ternura, con amor, con sabiduría. Y lo ha creado con un propósito: que llegue a ser plenamente feliz, que llegue a desarrollar todas las posibilidades que Él ha puesto en su corazón desde su nacimiento. Que Él ha reconocido como hijo de un modo especial desde el Bautismo. Esas posibilidades que han de desarrollarse en él para que se sienta y llegue a ser en plenitud amor y misericordia como lo es el Padre. Cada uno de nosotros somos una maravilla querida y creada por Dios personalmente, nos recuerda el Sal. 139. Somos algo muy importante para Dios. Pero podemos arruinar el plan de Dios en cada uno de nosotros si nos apartamos por caminos falsos. Como decía la lectura de ayer: el que no cree ya se ha perdido. No llegará a entrar en el Reino de Dios. Dios no quiere condenar a nadie, pero el que desprecia sus caminos, él mismo se pierde, ya que no hay otro camino: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. A Dios le duele que nos perdamos por el gran amor que nos tiene. Y si tomamos caminos falsos, Dios sufre tremendamente por el gran amor que nos tiene.

           Jesús ha venido a abrirnos los ojos y que vayamos descubriendo lo que en verdad somos. Porque al considerar tantas limitaciones y debilidades como experimentamos en esta vida mortal, no nos creemos que de verdad seamos importantes para Dios. Y nos conformamos con “ir pasando por la vida” medio adormecidos. El “mundo” intenta adormecernos más todavía repitiéndonos machaconamente que si no tenemos bienes materiales, riquezas, prestigio, éxito, nunca seremos nada. Jesús pasó aquella “cuarentena” en retiro en el desierto en total precariedad, pobreza y soledad. Y precisamente allí acabó sintiéndose verdaderamente Hijo de Dios. Creer en Jesús es seguir ese camino de entrega, de servicio, de confianza y de trabajo que Él siguió, para que así lleguemos a sentirnos de verdad, hijos en el Hijo.

                Los discípulos, después de la Resurrección, comprendieron que el camino de Jesús, el camino de la entrega, el servicio, el sacrificio, el amor es el camino que de verdad lleva a la vida. Y eso hizo desparecer en ellos el temor, la mezquindad, el egoísmo.  Y a vivir con sabiduría y alegría, los nuevos caminos, como muestra el libo de los Hechos que estamos leyendo estos días.

                En esta cuarentena en que nos ha metido el coronavirus estamos sintiendo nuestra fragilidad, nuestra debilidad. Pero también es una buena ocasión de desarrollar nuestra sensibilidad fraternal, nuestra creatividad, nuestra responsabilidad por los hermanos y por todas las personas con las que convivimos. El Señor nos está invitando a corregir nuestros fallos, nuestros caprichos, nuestros egoísmos tan acrecidos en este mundo en que vivimos. Confiemos en Él y pongámonos a la tarea de construir la fraternidad y el mundo nuevo que vivieron con alegría los primeros cristianos y todos aquellos que viven según el camino que el Señor nos enseña.  Él está vivo en medios de nosotros y a todos nos invita a seguirle, pues nos dice: “Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el final de la historia”.

                Estos tiempos difíciles por los que el Señor nos esta haciendo pasar, son también tiempos de Gracia, de Bendición, de avanzar hacia el Reinado de Dios.  De insistir más en la oración, la escucha atenta de la Palabra, en responder con confianza y generosidad a las invitaciones que el Señor nos está haciendo a través de los hermanos. Que su Madre Santísima María y nuestro Patrón Santiago, nos sigan acompañando, protegiendo y fortaleciendo para que tengamos unas Felices Pascuas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario