martes, 6 de octubre de 2020

2020.10.06 - La experiencia con Jesús se hizo tan importante para sus seguidores que la escucha de su Palabra era muy importante.


2020.10.06 - El anuncio del Evangelio se convirtió en la tarea más apremiante para los seguidores, discípulos y discípulas de Jesús. Un anuncio que parte desde la experiencia personal que cada una-uno de ellos tuvo en esa cercanía con él, viéndole, escuchándole, siéndose amadas y amados por Jesús, y asumiendo en sus vidas esa buena noticia que más que un mensaje, se concretaba en un estilo de vida en el que todas y todos se sentían incluidos e invitadas. 

El Evangelio nos relata la experiencia de Marta y María, dos hermanas muy amigas de Jesús. Ambas lograron estar cerca de él, tenerlo en su casa, ser sus amigas, y sobre todo dejarse inquietar por aquella forma de hablar y de ser con los demás, a tal punto que para ellas era muy importante escucharle con atención cuando él estaba presente.

La experiencia con Jesús se hizo tan importante para sus seguidores que la escucha de su Palabra era muy importante. Gracias a esa escucha atenta se logró transmitir entre las primeras comunidades cristianas la vida de Jesús, el acontecimiento de la Pasión, Muerte y Resurrección que recogen el primer anuncio o Kerigma, lo cual expresaba esa vida en abundancia que habían vivido con él y que seguían viviendo en sus vidas de cada día desde la experiencia del Cristo Resucitado. 

Es por esa razón que el evangelio de hoy trata de resaltar la importancia que debemos tener ante la escucha de la Palabra de Jesús, que es Dios hecho humano y que viene a mostrarnos el amor misericordioso e incondicional que tiene por nosotras y nosotros, y a partir de ahí nos invita a vivirlo cada día en nuestras acciones y con aquellos que compartimos. 

La escucha de la Palabra está muy unida a la vida cotidiana, por eso encontramos a Marta afanada en los quehaceres mientras Jesús está en medio de ellas. Aunque el mensaje de Jesús pareciera reducir importancia a los quehaceres de Marta, no es así. En la vida es necesario ordenar las cosas y saber dar la importancia necesaria a la escucha de la Palabra y al resto de la vida, por la Palabra ha de iluminar nuestra vida y nos ha de conducir en nuestro caminar. 

Para san Pablo, Jesús fue un acontecimiento sumamente transformador en su vida. Aunque él no le conoció personalmente, su experiencia de conversión fue tan real y profunda que lo vive como si hubiese sido uno de quienes le escucharon y vivieron con él. La Palabra es tan importante que lo impulsa a ser apóstol, es decir, a asumir en su vida el compromiso de anunciar a los demás ese estilo de vida que ha volcado su vida y que puede hacer lo mismo con los demás, a cuidar de la fe de sus hermanas y hermanos.  

Esa misma Palabra hecha humanidad en Jesús nos sigue invitando hoy en día a asumir la misión de vivir desde un estilo de vida diferente al que hasta ahora hemos vivido, más humano, más cristiano, desde donde se respete la dignidad de las personas, reconociéndoles como hijas e hijos de Dios, como hermanas y hermanos nuestros. Un estilo de vida que convenza desde la praxis del amor entregado y generoso, cercano a quienes sufren y dispuesto a tender la mano a quien necesita levantarse.

La experiencia de san Pablo nos alecciona en cómo el Señor no condena al pecador, sino que lo que desea es su conversión, un cambio de vida que le lleve a asumir como propia la forma de proceder de Jesús, y aunque haya sido un perseguidor de la fe, como lo fue Pablo, al final logre descubrir y experimentar el profundo amor de Dios por la humanidad, y pueda así compartir esta experiencia con quienes están necesitados de conversión.

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