domingo, 4 de octubre de 2020

2020.10.04 - Jesús narra otra parábola también sobre una viña, sobre otra parcela, pero un poco distinta.



2020.10.04 - El profeta Isaías (Is 5,1-7) nos cuenta hoy una parábola de un hombre que tenía una viña, hoy diríamos, que tenía una parcela de tierra. La prepara con esmero y siembra en ella maíz. La cuida, la fertiliza, la limpia, la calza. Pero al final la parcela da maíz picado de mala calidad. Isaías le pregunta al pueblo qué va a ser este hombre con la parcela. Dice que le va a quitar la cerca para que las vacas la pisen y se coman el maizal. Además, dice que la va a secar, porque va a impedir que las nubes lluevan sobre ella. Termina diciendo que el pueblo es esa parcela, que esperaba de él justicia y cosecha injusticia.
En el evangelio de Mateo (Mt 21,33-43) Jesús narra otra parábola también sobre una viña, sobre otra parcela, pero un poco distinta. Así dice que cercó la parcela y la aró. Luego la alquiló. Llegado el tiempo de la cosecha mandó a pedir su parte. Los arrendatarios maltrataron y mataron a los enviados a recoger su parte. Matan incluso al hijo del dueño de la parcela, creyendo que así se podrían quedar con la parcela. Jesús pregunta qué hará el dueño de la parcela con los arrendatarios. La respuesta obvia es que matará a los arrendatarios y entregará su parcela a otros arrendatarios.
Luego cambia de imagen. Pasa de la parcela de tierra a la construcción de una casa. Dice que la piedra que desecharon los constructores se ha convertido ahora en piedra angular. Y termina diciendo que el reino de Dios les será quitado a los sumos sacerdotes y ancianos y le será dado a un pueblo que produzca sus frutos.
De la parábola de Isaías llama la atención que lo que Dios pide no es culto ni cumplimiento de la ley, sino justicia entre los seres humanos. Hoy añadiríamos, el cuidado de nuestra casa común, el cuidado del medio ambiente. En estos tiempos del Covid19 en que nuestros templos estuvieron cerrados y a penas empiezan a reabrirse, lo que a Dios le interesa ayer como hoy, no es tanto el culto, sino el trato entre nosotras y nosotros. Hoy podríamos preguntarnos, ¿discriminamos fruto del miedo a las personas contagiadas o fuimos samaritanas y samaritanos visitándolas y llevándoles alguna provisión? Y con respecto a nuestra casa común, ¿seguimos envenenando y quemando nuestras parcelas o estamos buscando formas menos tóxicas de cultivarlas? La profecía de Isaías pronunciada alrededor del año 735 a.C. se vio cumplida primero en 720 a.C. cuando luego de ser invadido Israel por Asiria, sus habitantes son deportados, y luego en 587 a.C. el templo es destruido y los judíos deportados a Babilonia. En nuestros tiempos más que deportaciones lo que tenemos son migraciones masivas de los pobladores de nuestras tierras que ponen de manifiesto la inclemencia de las condiciones de vida en nuestros países para buena parte de su población. Aunque estamos en invierno, la escasez creciente de las fuentes de agua y su contaminación son testigos silenciosos de la progresiva destrucción de nuestras parcelas.
La parábola de Jesús más que al pueblo en general está dirigida a sus autoridades. En su tiempo esta parábola luego de la destrucción del templo por los romanos en el año 70 d.C. pudo ser entendida en el sentido de que la Iglesia sustituía y ocupaba el lugar que había sido ocupado hasta entonces por el pueblo de Israel. Pero esta parábola goza también de una gran actualidad hoy cuando la crisis que estamos viviendo ha sido generada más que por el Covid19 por la manera negligente de tratarlo por parte de muchas de nuestras autoridades. Los hospitales móviles siguen siendo un ejemplo clamoroso: se pagó por los dos que llegaron ya al país U$7.4 millones de dólares por cada uno cuando su precio de fábrica es de U$2.5 millones por cada uno. Además, los hospitales no son nuevos, sino contienen muchos elementos usados, y algunos inservibles como los respiradores. Y para colmo de males, luego de más de dos meses de haber llegado al país los hospitales móviles aduciendo siempre nuevas razones todavía no han entrado en funcionamiento. Los otros cinco hospitales móviles también exageradamente sobrevalorados ni siquiera han llegado al país. Así, la manera de enfrentar al Covid19 ha dejado al descubierto además de la negligencia de muchas de nuestras autoridades, su corrupción e impunidad descaradas. Según la lógica de la parábola, unas autoridades así merecen ser reemplazadas por otras menos negligentes y corruptas, cuando no ser enjuiciadas con la misma determinación que ellas mismas han mostrado por juzgar a los defensores del medio ambiente la comunidad de Guapinol, por ejemplo.
El evangelio termina con la parábola de la piedra desechada por los constructores que se ha convertido en piedra angular. Esta parábola hace clara referencia a Jesús que hace posible un nuevo modelo de sociedad. Ahora, lo típico de Jesús como piedra desechada es que se convierte en piedra angular de una sociedad en la que todas, todos y todo tienen un lugar. No es una piedra desechada que excluye, sino todo lo contrario, una piedra que por saber lo que es haber sido desechada es incluyente, no dejando a nadie ni a nada por fuera, ni a la parcela ingrata ni a los arrendatarios asesinos. Ahora, el cemento, el vínculo que va a hacer posible la construcción de esta nueva sociedad no va a ser la justicia sea esta retributiva, distributiva o restaurativa, sino el amor, que responde a otro amor, al amor de aquél que lejos de acabar con la parcela y sus arrendatarios entrega a su Hijo para que tengamos vida y vida en abundancia (Jn 10,10).

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