jueves, 12 de marzo de 2020

Y, reclinando la cabeza, entregó el Espíritu.


FICHA 5: “Y, RECLINANDO LA CABEZA, ENTREGÓ EL ESPÍRITU” (Jn 19,30)
Parroquia Santiago Apóstol: Escuela de formación integral – Yoro, julio 2019


1.    PRIMER ENCUENTRO: LA REALIDAD QUE VIVIMOS

1.1  Una historia

  Juan y Lucrecia tenían dos hijos pequeños, Simón de tres y Linda de uno. Ni Simón ni Linda estaban bautizados. Juan y Lucrecia se acercaron un día a Francisco, el delegado de su comunidad, y le pidieron el bautismo para sus dos hijos.
- “Buenos días, Francisco”, le dijo Juan. “Queremos bautizar a Simón y Linda para salir de ese compromiso”.
- “Buenos días, Juan y Lucrecia”, respondió Francisco. “¡Qué bueno que quieren bautizar a Simón y Linda! Lo único, es que tienen que saber que con el bautismo no se sale del compromiso, sino que se entra a él”.
- “¿Cómo es eso, Francisco”, preguntó Juan, “que en lugar de salir del compromiso entramos a un compromiso?” “Yo creo que mi compromiso termina cuando les echan el agua a los cipotes”.
- “Todo lo contrario, Juan”, respondió Francisco. “El bautismo es la puerta de entrada a un compromiso con la pareja, con los hijos, con la comunidad, con el medio ambiente”.
- “A ver explíquenos”, intervino Lucrecia, “porque eso si que nunca lo habíamos escuchado”.
- “Como Simón y Linda están pequeños”, explicó Francisco, “al bautizarlos ustedes se están comprometiendo a educarlos en la fe, con sus palabras, pero, sobre todo, con su ejemplo de vida”.
- “Siga”, le dijo Juan.
- “La fe se transmite por lo que decimos y hacemos”, continuó Francisco. “Deben comenzar por ustedes como pareja.”
- “No entiendo”, dijo Lucrecia.
- “¿Asisten a las celebraciones?”, preguntó Francisco.
- “No, muy poco”, respondió Juan.
- “¿Y están casados?”, volvió a preguntar Francisco.
- “No”, respondió Lucrecia.
- “Pues por eso les digo que bautizar no es salir del compromiso, sino comprometerse más”.
- “Entendiendo”, dijo Juan. “Sabe, Francisco, vamos a platicar Lucrecia y yo bien, si queremos o no bautizar a nuestros hijos, porque nos damos cuenta que es un gran compromiso el que adquirimos. Al decidir le contamos”.
- “Tómense su tiempo”, les dijo Francisco, “y me cuentan”.
- “Adiós, Francisco”.
- “Adiós, Juan y Lucrecia”.

1.2  Preguntas

- ¿Por qué creían Juan y Lucrecia que bautizar era salir del compromiso?
- ¿Por qué bautizar no es salir del compromiso, sino comprometerse más?
- ¿A qué nos comprometemos al pedir el bautismo para nuestras hijas e hijos?

2.    SEGUNDO ENCUENTRO: REFLEXIONAMOS Y ORAMOS

 2.1 Reflexión: “Y, reclinando la cabeza, entregó el Espíritu” (Jn 19,30)

- El bautismo es la entrega del Espíritu en la experiencia del amor leal de Dios revelado en Jesús crucificado y traspasado: “Y, reclinando la cabeza, entregó el Espíritu” (Jn 19,30), “uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua” (Jn 19,34).
- En el bautismo se nos entrega el Espíritu Santo. Así fue en Jesús y así es en nosotras y nosotros.
·         En el bautismo de Jesús: “Inmediatamente, mientras salía del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar como paloma hasta él” (Mc 1,10).
·         En nuestro bautismo:
·         “Y, reclinando la cabeza, entregó el Espíritu” (Jn 19,30).
·         “Pero al llegar a Jesús vieron que ya estaba muerto, y no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua” (Jn 19,33-34).
·         “Yo los he bautizado en agua, él los bautizará con Espíritu Santo” (Mc 1,8).
·         Por el bautismo somos templos del Espíritu Santo: “Saben muy bien que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes porque Dios se los ha dado” (1Cor 6,19).
- En el bautismo nos reconocemos como hijas e hijos de Dios.
·         Jesús: “Hubo una voz del cielo: ‘Tú eres mi Hijo, el amado, en ti he puesto mi favor’” (Mc 1,11).
·         Nosotras y nosotros:
·         “Miren, no recibieron un espíritu que los haga esclavos y los vuelva al temor; recibieron un Espíritu que los hace hijos y que nos permite gritar: ¡Abba! ¡Padre!” (Rom 8,15).
·         “Y la prueba de que son hijos, es que Dios envió a su interior el Espíritu de su Hijo, que grita: ¡Abba! ¡Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo, y si eres hijo eres también heredero, por obra de Dios” (Ga 4,6-7).
·         Por el bautismo reconocemos a Dios como Padre Nuestro: “Ustedes recen así: Padre nuestro…” (Mt 6,9).
·         Por el bautismo nos reconocemos hermanas y hermanos unas de otros: “Ustedes, en cambio, no se dejen llamar ‘Maestro’, pues su maestro es uno solo y ustedes todos son hermanos” (Mt 23,8).
·         San Francisco de Asís en su Cántico a las criaturas nos recuerda que somos hermanas y hermanos de todo lo creado: “Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra…”.
- En el bautismo son perdonados nuestros pecados:
·         “Jesús le dijo: ‘Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar’” (Jn 8, 11).
·         “Jesús decía: ‘Padre, perdónalos, que no saben lo que están haciendo’” (Lc 23,34).
·         “Pedro les contestó: ‘Arrepiéntanse, bautícense cada uno vinculándose a Jesús Mesías para que se les perdonen los pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo” (Hch 2,38).
·         “Porque estoy convencido de que ni muerte ni vida ni ángeles ni soberanías, ni lo presente ni lo futuro, ni poderes, ni alturas, ni abismos, ni ninguna otra criatura podrá privarnos de ese amor de Dios, presente en el Mesías Jesús, Señor nuestro” (Rom 8,38-39).
- En el bautismo somos hechos miembros de Cristo, de su cuerpo, de su Iglesia:
·         Miembros de Cristo: “¿Se les ha olvidado que son miembros de Cristo?” (1Cor 6,15).
·         Formamos un cuerpo: “Es un hecho que el cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros, pero los miembros, aun siendo muchos, forman entre todos un solo cuerpo. Pues también el Mesías es así, porque también a todos nosotros, ya seamos judíos o griegos, esclavos o libres, nos bautizaron en el único Espíritu para formar un solo cuerpo, y sobre todos derramaron el único Espíritu; y es que tampoco el cuerpo es todo el mismo órgano, sino muchos” (1Cor 12,12-14); “Pues bien, ustedes son cuerpo de Cristo, y cada uno por su parte es miembro” (1Cor 12,27).
·         Miembros de su Iglesia: “Ahora me alegro de sufrir por ustedes, pues voy completando en mi carne mortal lo que falta a las penalidades del Mesías por su cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24).
- Por el bautismo participamos de la misión de Cristo sacerdote, profeta y rey.
·         Sacerdote: Entrega libre y generosa fruto de la gratitud: “Él, en los días de su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, a gritos y con lágrimas, al que podía salvarlo de la muerte; y Dios lo escuchó, pero después de aquella angustia, Hijo y todo como era. Sufriendo aprendió a obedecer y, así consumado, se convirtió en causa de salvación definitiva para todos los que le obedecen a él, pues Dios lo proclamó sumo sacerdote en la línea de Melquisedec” (Heb 5,7-10).
·         Profeta:
·         Anuncia: “Cuando entregaron a Juan llegó Jesús a Galilea y se puso a proclamar la buena noticia de parte de Dios” (Mc 1,14).
·         Denuncia: “¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la hierbabuena, del anís y del comino y descuidan lo más grave de la Ley: la justicia, el buen corazón y la lealtad!” (Mt 23,23).
·         Organiza: “Después de esto el Señor designó a otros setenta y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él” (Lc 10,1).
·         Rey: servidor: “Jesús los llamó y les dijo: ‘Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones actúan como dictadores, y los que ocupan cargos abusan de su autoridad. Pero no será así entre ustedes. Por el contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes, debe hacerse el servidor de todos, y el que quiera ser el primero, se hará esclavo de todos. Sepan que el Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida como rescate por una muchedumbre’”. (Mc 10,42-45)
- Por el bautismo, en definitiva, somos capaces de responder al amor de Dios: “La prueba es que de su plenitud todos nosotros hemos recibido: un amor que responde a su amor” (Jn 1,16).

2.2  Oración

- ¿Qué fue lo que más me llamó la atención del bautismo?
- ¿Qué aspectos de mi bautismo he asumido ya?
- ¿Qué aspectos de mi bautismo me hace falta asumir?
- ¿Qué podemos hacer como comunidad para asumir nuestro bautismo?

2.3  Evaluación y compromiso

1)  ¿Qué fue lo que más nos movió de este tema?
2)  ¿Qué sentimos?
3)  ¿Qué pensamos?
4)  ¿A qué nos sentimos invitadas, invitados? ¿A qué nos comprometemos?
5)  ¿Qué agradecemos?

2.4  Terminamos acordando la acción a realizar en el tercer encuentro.

- Pensamos en sueños y proyectos para vivir como una comunidad de bautizadas y bautizados.
- Hacemos un listado.
- Decidimos con qué sueño y proyecto queremos comenzar.
- Acordamos un plan de trabajo.

3.    TERCER ENCUENTRO: ACTUAMOS

3.1  Realizamos nuestro sueño y proyecto.

3.2  Evaluamos nuestro sueño y proyecto

1)  ¿Qué fue lo que me gustó de nuestro sueño y proyecto?
2)  ¿Qué fue lo que no me gustó de nuestro sueño y proyecto?
3)  ¿Qué sugerencias tengo para mejorar nuestro sueño y proyecto?

4.    CUARTO ENCUENTRO: EVALUAMOS Y CELEBRAMOS

4.1  Evaluamos

-  ¿Cuál es el gran aprendizaje que nos llevamos de este tema?

4.2  Celebramos gozosamente

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