jueves, 12 de marzo de 2020

Estén despiertos.


FICHA 6: “ESTÉN DESPIERTOS” (Mc 13,37)
Parroquia Santiago Apóstol: Escuela de formación integral – Yoro, agosto 2019

1.    PRIMER ENCUENTRO: LA REALIDAD QUE VIVIMOS

1.1  Una historia

  Era sábado por la tarde, los cuatro delegados de la comunidad se habían reunido para preparar la celebración del domingo. Eran Carmen, Lucía, Sebastián y Carlos.
- “Antes era más fácil saber qué era lo que Dios quería”, dijo Carlos.
- “Sí”, opinó Sebastián, “Dios, por ejemplo, se comunicaba cara a cara con Moisés desde que se le reveló en la experiencia de la zarza que ardía sin consumirse”.
- “Ya esos tiempos pasaron”, intervino Carlos, “ni soñar que vuelvan”.
- “O tal vez no”, terció Carmen. “El otro día leí una cita de san Óscar Arnulfo Romero que me llamó mucho la atención, tanto que la apunté. Denme un momento, busco el papelito en el que la apunté y se las leo”.
- “Ahora”, opinó Lucía, “hay alguna gente que dice que Dios le habla, pero quién sabe”.
- “Ya encontré el papelito con la cita de san Romero”, dijo Carmen. “Dice así: ‘en el corazón de cada hombre, hay como una pequeña celda íntima, donde Dios baja a platicar a solas con el hombre. Y es allí donde el hombre define, decide, su propio destino, su propio papel en el mundo. Si cada hombre de los que estamos tan emproblemados en este momento entráramos a esta pequeña celda, y desde allí, escucháramos la voz del Señor, que nos habla en nuestra propia conciencia, cuánto podríamos hacer cada uno de nosotros por mejorar el ambiente, la sociedad, la familia en que vivimos’ (Homilía, 10 de julio, 1977)”.
- “¡Qué cita más preciosa!”, exclamó Lucía.
- “Si eso es verdad”, opinó Sebastián, “Dios nos habla a todas y todos como en tiempos de Moisés, solo necesitamos entrar en esa pequeña celda en nuestro interior de la que habla san Romero”.
- “Este es el tiempo de la ‘conexión’, de ‘estar conectados’”, dijo Carmen. “Todas y todos queremos estar conectados a la red, a internet, a Facebook, a Whatsapp”.
- “Así merito es”, dijo Lucía.
- “Estamos conectadas y conectados con todo esto, pero ¿y nuestra conexión con Dios, con nosotras y nosotros mismos?”, siguió Carmen.
- “¿Pero y qué habrá que hacer para conectarnos con Dios y con nosotras y nosotros mismos?”, preguntó Carlos.
- “A mí algo que me ha ayudado”, dijo Carmen, “es el examen de la oración que hemos aprendido a hacer en la Escuela de formación integral. Ese examen me ayuda a tomar conciencia de lo que me nueve, de lo que siento, de lo que pienso, preguntándome constantemente a qué me invita Dios y agradeciendo todo lo que me da”.
- “Tal vez entonces sí sea verdad que Dios nos sigue hablando hoy”, opinó Sebastián, “solo hay que estar conectadas y conectados con nosotras y nosotros mismos, atentas y atentos, presentes, despiertas y despiertos que decía Jesús”.
- “Miren que por estar hablando de estas cosas no hemos preparado la celebración del domingo”, observó Carlos. “Pero bien vale la pena lo que hemos hablado”.
- “Si les parece, entonces”, dijo Lucía, “voy a comenzar a leer la primera lectura”.

1.2  Preguntas

- ¿Será verdad que Dios le hablaba más a los seres humanos antes que ahora?
- ¿Qué nos dificulta hoy escuchar la voz de Dios en nuestro interior?
- ¿Qué podemos hacer para escuchar la voz de Dios en nuestro interior con más facilidad?

2.    SEGUNDO ENCUENTRO: REFLEXIONAMOS Y ORAMOS

 2.1 Reflexión: “Estén despiertos” (Mc 13,37)
- Jesús insiste mucho en estar despiertos:
·         “Lo mismo ustedes: estén vigilantes, porque no saben cuándo regresará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o de madrugada; no sea que llegue de repente y los encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: Estén despiertos” (Mc 13,35-37).
·         “Llegaron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: ‘Siéntense aquí mientras voy a orar’. Y llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a llenarse de temor y angustia, y les dijo: ‘Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quédense aquí y permanezcan despiertos’.  Jesús se adelantó un poco, y cayó en tierra suplicando que, si era posible, no tuviera que pasar por aquella hora. Decía: ‘Abba, o sea Padre, si para ti todo es posible, aparta de mi esta copa. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú’. Volvió y los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: ‘Simón, ¿duermes? ¿De modo que no pudiste permanecer despierto una hora? Estén despiertos y oren  para no caer en la tentación; pues el espíritu es animoso, pero la carne, débil’” (Mc 14,32-38).
- El discernimiento ignaciano (James Martin sj)
·         “Discernimiento” en el lenguaje común es la habilidad de juzgar sabiamente y ser capaz de escoger cuidadosamente entre muchas opciones.
·         Discernimiento para San Ignacio de Loyola significa estar consciente de que Dios nos ayudará a tomar buenas decisiones, aún siendo conscientes de vernos motivados por fuerzas contradictorias o contrarias entre sí. Unas que nos llevan hacia Dios y otras que nos empujan para alejarnos de él. Cualquiera que haya tomado una decisión importante conoce esta experiencia. Nos sentimos impulsados y orientados por una variedad de fuerzas internas: motivos egoístas contra motivos generosos, motivos libres contra los no libres, motivos sanos y saludables contra motivos enfermizos.
·         Así que el discernimiento es la habilidad de ver claramente cuáles son esas fuerzas; ser capaces de identificar, ponderar y juzgar. Y finalmente escoger el camino más alineado con los deseos de Dios para ti y para el mundo.
·         Por lo tanto, no es tan simple como seguir a ciegas ciertas reglas y regulaciones. Demás está decir que los Evangelios y las enseñanzas de la Iglesia son esenciales para la formación de nuestra conciencia pero, sobre todo, en tiempos de complejidad uno también debe confiar en los propios impulsos y acciones de Dios dentro de nuestro propio corazón.
·         ¿Cómo se discierne?
·         Primero, tratar de ser “indiferente”, eso es, libre de todo lo que te retiene para seguir los deseos de Dios. Por ejemplo, si estás discerniendo si vas o no a visitar un amigo enfermo al hospital y estás demasiado preocupado de si te vas a enfermar, no eres “libre”. Algo te está impidiendo el hacer un bien. “Indiferente” no quiere decir que no te importe, sino que estás libre para seguir los deseos de Dios.
·         Segundo, pide la ayuda de Dios. El discernimiento no se lleva a cabo por tu propia cuenta. Necesitas la ayuda de Dios para escoger el camino correcto. También necesitas partir de la base del Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia, como un sólido punto de partida. (Es decir, nunca ‘discernirás’ si debes serle fiel a tu pareja). Y todo esto debe ser realizado en el contexto de la oración. Pero el intelecto está completamente acoplado también. Como les gusta decir a los jesuitas: “confía en tu corazón, pero usa tu cabeza”.
·         Tercero, sopesa los variados “movimientos” dentro de ti mismo, para ver cuál se origina en Dios y cuál no. Para alguien que esté progresando en la vida espiritual, dice San Ignacio, el “buen espíritu” le traerá apoyo, aliento y paz mental. Piensa en alguien que decide perdonar a otra persona y que siente una sensación de consuelo calmado cuando lo piensa. Lo opuesto es el “mal espíritu”. Éste, causa ansiedad y presenta falsos obstáculos para obstaculizar nuestro progreso espiritual. Esto normalmente se manifiesta como la voz del egoísmo. En el caso de una persona buscando perdonar a otro, el “espíritu maligno” nos dirá: “¡si tú perdonas, la gente te verá como alfombra!”.
·         Curiosamente, dice Ignacio, para la persona que va en sentido contrario (del bien al mal) las cosas se invierten. El “buen espíritu” no nos alienta, sino que más bien nos despierta con un sobresalto. Ese es el aguijón de la conciencia. El “mal espíritu” nos alienta al mal comportamiento. “No te preocupes. Sigue robándole a la empresa. Todos lo hacen. Continúa…” La persona con experiencia en el discernimiento pronto se vuelve experta en identificar estos movimientos sutiles en su corazón.
·         Cuarto, si no hay una respuesta clara, puedes recurrir a otras prácticas sugeridas por Ignacio. Puedes imaginarte a alguien en la misma situación tuya, y pensar qué consejo le darías a él o ella: esto puede ayudar a disminuir la influencia de nuestros deseos desordenados en el discernimiento. O imagínate qué te gustaría decirle a Jesús en el Juicio Final: esto no funciona con todas las decisiones, pero puede ser clarificador para las decisiones éticas complejas, en particular. O piensa cómo juzgarías tu decisión en tu lecho de muerte: esto puede ayudarte a priorizar lo que es importante en tu vida.
·         Por último, después de hacer un buen discernimiento experimentarás un sentimiento de lo que Ignacio llama “confirmación”, o un sentido de rectitud. Te sientes en sintonía con los deseos de Dios porque tú estás en su misma frecuencia. Y esto naturalmente trae paz.

2.2  Oración

- ¿Cuán despierto estoy yo?
- ¿Qué experiencias de discernimiento he tenido?
- ¿He sentido la presencia del buen espíritu y del malo en mí?
- ¿Qué significa discernir?

2.3  Evaluación y compromiso

1)  ¿Qué fue lo que más nos movió de este tema?
2)  ¿Qué sentimos?
3)  ¿Qué pensamos?
4)  ¿A qué nos sentimos invitadas, invitados? ¿A qué nos comprometemos?
5)  ¿Qué agradecemos?

2.4  Terminamos acordando la acción a realizar en el tercer encuentro.

3.    TERCER ENCUENTRO: ACTUAMOS

3.1  Realizamos nuestro sueño y proyecto.

3.2  Evaluamos nuestro sueño y proyecto

1)  ¿Qué fue lo que me gustó de nuestro sueño y proyecto?
2)  ¿Qué fue lo que no me gustó de nuestro sueño y proyecto?
3)  ¿Qué sugerencias tengo para mejorar nuestro sueño y proyecto?

4.    CUARTO ENCUENTRO: EVALUAMOS Y CELEBRAMOS

4.1  Evaluamos

-  ¿Cuál es el gran aprendizaje que nos llevamos de este tema?

4.2  Celebramos gozosamente

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