FICHA 6: “ESTÉN DESPIERTOS” (Mc 13,37)
Parroquia Santiago Apóstol: Escuela de formación integral – Yoro, agosto
2019
1. PRIMER
ENCUENTRO: LA REALIDAD QUE VIVIMOS
1.1 Una
historia
Era
sábado por la tarde, los cuatro delegados de la comunidad se habían reunido
para preparar la celebración del domingo. Eran Carmen, Lucía, Sebastián y
Carlos.
- “Antes
era más fácil saber qué era lo que Dios quería”, dijo Carlos.
- “Sí”, opinó Sebastián, “Dios, por ejemplo,
se comunicaba cara a cara con Moisés desde que se le reveló en la experiencia
de la zarza que ardía sin consumirse”.
- “Ya esos tiempos pasaron”, intervino Carlos,
“ni soñar que vuelvan”.
- “O tal vez no”, terció Carmen. “El otro día
leí una cita de san Óscar Arnulfo Romero que me llamó mucho la atención, tanto
que la apunté. Denme un momento, busco el papelito en el que la apunté y se las
leo”.
- “Ahora”,
opinó Lucía, “hay alguna gente que dice que Dios le habla, pero quién sabe”.
- “Ya
encontré el papelito con la cita de san Romero”, dijo Carmen. “Dice así: ‘en el corazón de
cada hombre, hay como una pequeña celda íntima, donde Dios baja a platicar a
solas con el hombre. Y es allí donde el hombre define, decide, su propio
destino, su propio papel en el mundo. Si cada hombre de los que estamos tan
emproblemados en este momento entráramos a esta pequeña celda, y desde allí,
escucháramos la voz del Señor, que nos habla en nuestra propia conciencia,
cuánto podríamos hacer cada uno de nosotros por mejorar el ambiente, la sociedad,
la familia en que vivimos’ (Homilía, 10 de julio, 1977)”.
- “¡Qué cita más preciosa!”, exclamó
Lucía.
- “Si
eso es verdad”, opinó Sebastián, “Dios nos habla a todas y todos como en
tiempos de Moisés, solo necesitamos entrar en esa pequeña celda en nuestro
interior de la que habla san Romero”.
- “Este
es el tiempo de la ‘conexión’, de ‘estar conectados’”, dijo Carmen. “Todas y
todos queremos estar conectados a la red, a internet, a Facebook, a Whatsapp”.
- “Así
merito es”, dijo Lucía.
- “Estamos
conectadas y conectados con todo esto, pero ¿y nuestra conexión con Dios, con
nosotras y nosotros mismos?”, siguió Carmen.
- “¿Pero
y qué habrá que hacer para conectarnos con Dios y con nosotras y nosotros
mismos?”, preguntó Carlos.
- “A mí
algo que me ha ayudado”, dijo Carmen, “es el examen de la oración que hemos
aprendido a hacer en la Escuela de formación integral. Ese examen me ayuda a
tomar conciencia de lo que me nueve, de lo que siento, de lo que pienso,
preguntándome constantemente a qué me invita Dios y agradeciendo todo lo que me
da”.
- “Tal
vez entonces sí sea verdad que Dios nos sigue hablando hoy”, opinó Sebastián,
“solo hay que estar conectadas y conectados con nosotras y nosotros mismos, atentas
y atentos, presentes, despiertas y despiertos que decía Jesús”.
- “Miren
que por estar hablando de estas cosas no hemos preparado la celebración del
domingo”, observó Carlos. “Pero bien vale la pena lo que hemos hablado”.
- “Si les
parece, entonces”, dijo Lucía, “voy a comenzar a leer la primera lectura”.
1.2 Preguntas
- ¿Será
verdad que Dios le hablaba más a los seres humanos antes que ahora?
- ¿Qué
nos dificulta hoy escuchar la voz de Dios en nuestro interior?
- ¿Qué
podemos hacer para escuchar la voz de Dios en nuestro interior con más
facilidad?
2. SEGUNDO
ENCUENTRO: REFLEXIONAMOS Y ORAMOS
2.1 Reflexión:
“Estén despiertos” (Mc 13,37)
- Jesús insiste mucho en estar despiertos:
·
“Lo mismo ustedes: estén vigilantes, porque no saben cuándo
regresará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o
de madrugada; no sea que llegue de repente y los encuentre dormidos. Lo que les
digo a ustedes se lo digo a todos: Estén despiertos” (Mc 13,35-37).
·
“Llegaron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos:
‘Siéntense aquí mientras voy a orar’. Y llevó consigo a Pedro, a Santiago y a
Juan. Comenzó a llenarse de temor y angustia, y les dijo: ‘Siento en mi alma
una tristeza de muerte. Quédense aquí y permanezcan despiertos’. Jesús se adelantó un poco, y cayó en tierra
suplicando que, si era posible, no tuviera que pasar por aquella hora. Decía:
‘Abba, o sea Padre, si para ti todo es posible, aparta de mi esta copa. Pero no
se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú’. Volvió y los encontró dormidos.
Y dijo a Pedro: ‘Simón, ¿duermes? ¿De modo que no pudiste permanecer despierto
una hora? Estén despiertos y oren para
no caer en la tentación; pues el espíritu es animoso, pero la carne, débil’”
(Mc 14,32-38).
- El
discernimiento ignaciano (James Martin sj)
·
“Discernimiento” en el lenguaje común es la habilidad de juzgar sabiamente y ser capaz de escoger cuidadosamente entre muchas opciones.
·
Discernimiento para San Ignacio de Loyola significa estar
consciente de que Dios nos ayudará a tomar buenas decisiones, aún siendo
conscientes de vernos motivados por fuerzas
contradictorias o contrarias entre sí. Unas que nos llevan hacia Dios y
otras que nos empujan para alejarnos de él. Cualquiera que haya tomado una
decisión importante conoce esta experiencia. Nos sentimos impulsados y
orientados por una variedad de fuerzas internas: motivos egoístas contra
motivos generosos, motivos libres contra los no libres, motivos sanos y
saludables contra motivos enfermizos.
·
Así que el discernimiento es la habilidad de ver claramente cuáles son esas fuerzas; ser capaces de identificar,
ponderar y juzgar. Y finalmente escoger
el camino más alineado con los deseos de Dios para ti y para el mundo.
·
Por lo tanto, no es tan simple como seguir a ciegas ciertas reglas
y regulaciones. Demás está decir que los Evangelios y las enseñanzas de la
Iglesia son esenciales para la formación de nuestra conciencia pero, sobre
todo, en tiempos de complejidad uno también debe confiar en los propios
impulsos y acciones de Dios dentro de nuestro propio corazón.
·
¿Cómo se discierne?
·
Primero, tratar de ser “indiferente”, eso es, libre de todo lo que te retiene para
seguir los deseos de Dios. Por ejemplo, si estás discerniendo si vas o no a
visitar un amigo enfermo al hospital y estás demasiado preocupado de si te vas
a enfermar, no eres “libre”. Algo te está impidiendo el hacer un bien.
“Indiferente” no quiere decir que no te importe, sino que estás libre para
seguir los deseos de Dios.
·
Segundo, pide la ayuda de Dios. El discernimiento no se lleva a cabo
por tu propia cuenta. Necesitas la ayuda de Dios para escoger el camino
correcto. También necesitas partir de la base del Evangelio y las enseñanzas de
la Iglesia, como un sólido punto de partida. (Es decir, nunca ‘discernirás’ si
debes serle fiel a tu pareja). Y todo esto debe ser realizado en el contexto de
la oración. Pero el intelecto está completamente acoplado también. Como les
gusta decir a los jesuitas: “confía en tu
corazón, pero usa tu cabeza”.
·
Tercero, sopesa los
variados “movimientos” dentro de ti
mismo, para ver cuál se origina en Dios y cuál no. Para alguien que esté progresando en la vida espiritual, dice
San Ignacio, el “buen espíritu” le
traerá apoyo, aliento y paz mental. Piensa en alguien que decide perdonar a
otra persona y que siente una sensación de consuelo
calmado cuando lo piensa. Lo opuesto es el “mal espíritu”. Éste, causa ansiedad
y presenta falsos obstáculos para
obstaculizar nuestro progreso espiritual. Esto normalmente se manifiesta como
la voz del egoísmo. En el caso de una persona buscando perdonar a otro, el
“espíritu maligno” nos dirá: “¡si tú perdonas, la gente te verá como
alfombra!”.
·
Curiosamente, dice Ignacio, para la persona que va en sentido
contrario (del bien al mal) las cosas
se invierten. El “buen espíritu” no
nos alienta, sino que más bien nos
despierta con un sobresalto. Ese es el aguijón
de la conciencia. El “mal espíritu”
nos alienta al mal comportamiento. “No
te preocupes. Sigue robándole a la empresa. Todos lo hacen. Continúa…” La
persona con experiencia en el discernimiento pronto se vuelve experta en
identificar estos movimientos sutiles en su corazón.
·
Cuarto, si no hay una
respuesta clara, puedes recurrir a otras prácticas sugeridas por Ignacio.
Puedes imaginarte a alguien en la misma
situación tuya, y pensar qué consejo le darías a él o ella: esto puede
ayudar a disminuir la influencia de nuestros deseos desordenados en el
discernimiento. O imagínate qué te
gustaría decirle a Jesús en el Juicio Final: esto no funciona con todas las
decisiones, pero puede ser clarificador para las decisiones éticas complejas,
en particular. O piensa cómo juzgarías tu
decisión en tu lecho de muerte: esto puede ayudarte a priorizar lo que es
importante en tu vida.
·
Por último, después de hacer
un buen discernimiento experimentarás un sentimiento de lo que Ignacio llama “confirmación”, o un sentido de
rectitud. Te sientes en sintonía con los
deseos de Dios porque tú estás en su misma frecuencia. Y esto naturalmente
trae paz.
2.2 Oración
- ¿Cuán
despierto estoy yo?
- ¿Qué
experiencias de discernimiento he tenido?
- ¿He
sentido la presencia del buen espíritu y del malo en mí?
- ¿Qué
significa discernir?
2.3 Evaluación
y compromiso
1) ¿Qué
fue lo que más nos movió de este tema?
2) ¿Qué
sentimos?
3) ¿Qué
pensamos?
4) ¿A
qué nos sentimos invitadas, invitados? ¿A qué nos comprometemos?
5) ¿Qué
agradecemos?
2.4 Terminamos
acordando la acción a realizar en el tercer encuentro.
3. TERCER
ENCUENTRO: ACTUAMOS
3.1 Realizamos
nuestro sueño y proyecto.
3.2 Evaluamos
nuestro sueño y proyecto
1) ¿Qué
fue lo que me gustó de nuestro sueño y proyecto?
2) ¿Qué
fue lo que no me gustó de nuestro sueño y proyecto?
3) ¿Qué
sugerencias tengo para mejorar nuestro sueño y proyecto?
4. CUARTO
ENCUENTRO: EVALUAMOS Y CELEBRAMOS
4.1 Evaluamos
- ¿Cuál es el gran aprendizaje que nos llevamos de este tema?
4.2 Celebramos
gozosamente
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